Cuando vi los videos de miles de aficionados que tardaron hasta dos horas, no me consta, para entrar al Estadio Azteca (Banorte) para el juego de México ante Portugal, me dejó claro que para esos eventos no hay que llegar al “quince para las siete”.
Nuestra experiencia fue todo lo contrario. Del hospedaje cerca del Monumento a la Revolución, el sábado 28 de marzo, tomamos un Uber para comer en los restaurantes de la plaza principal de Coyoacán, y de esa manera acercarnos al estadio.
Y alrededor de las tres de la tarde caminamos a la avenida Miguel Ángel de Quevedo para tomar un transporte público al Metro Tasqueña. Entre el Uber a 240 pesos y el “Micro” gastamos 290 pesos en total y con absoluta comodidad. Y sin caos vial.
En Tasqueña el gobierno de la CDMX puso a disposición de los aficionados-mostrando el boleto del partido como requisito-, el tranvía hasta la estación Estadio Azteca sin detenerse en las nueve estaciones que separan. El viaje fue de unos 15 minutos y te sentías seguro entre puros aficionados que vestían tricolor.
Insisto, llegar tres horas antes del partido hizo que los metros que faltaban para entrar al Azteca se consumieran rápido, primero subiendo unas escaleras, luego haciendo una fila y posteriormente pasando un filtro donde una persona confirmaba que tenías boleto.
Enseguida nos metimos a una serpiente de vallas que zigzagueaba en la explanada del estadio junto a la escultura que ha sido el símbolo del inmueble que pasará a la historia por albergar tres inauguraciones de un Mundial de la FIFA.
Rápido llegamos al check-in de los boletos digitales, con algo de dificultad porque la señal de internet era bastante deficiente, algo que deberán solucionar los organizadores antes del 11 de junio. Se entiende, el juego ante Portugal fue un ensayo general para corregir los errores.
Dos horas antes del silbatazo del árbitro y previo los himnos nacionales ya estábamos dentro del Azteca, y tiempo de sobra tuvimos para las fotos, hidratarnos y comer unas pizzas, y dirigirnos a las amenidades cerca de nuestro acceso en la Rampa 24.
Tuvimos suerte no solamente de no hacer corajes como miles de personas que llegaron al “cuarto para las siete” e hicieron el coraje de sus vidas, igual que los que compraron boletos a precios muy elevados en las filas 1 y 2 en la lateral 100 sur y norte, atrás de las porterías, que tenían nula visibilidad del partido.
Esos lugares se cotizaron en más o menos 5 mil pesos, infinitamente menor a lo que costaron en reventa -en esas mismas filas- para la inauguración del Mundial, es decir, hasta 170 mil pesos.
Gran problema el que viene con demandas ante PROFECO, en caso de que la FIFA no intervenga para dar soluciones ante lo que se puede adelantar: será el gran fraude del Mundial en un estadio que, la verdad y salvo algunos detalles, quedó impecable tras su cirugía mayor.


