En el México revolucionario, que dio al país la mayor época de paz, estabilidad y desarrollo que haya conocido la humanidad, llegó a la presidencia de la República el hombre adecuado. Singular fue el caso de Francisco José Múgica, “hermano” del presidente Lázaro Cárdenas, promotor de los artículos 3, 27 y 123 de la Constitución del 17, líder del pensamiento revolucionario de América Latina, que; sin embargo, tuvo que aceptar y trabajar para el “mocho” Manuel Ávila Camacho.
En los días que corren, todas las circunstancias apuntan en una sola dirección. La candidatura del Movimiento de Regeneración Nacional será para Claudia Sheinbaum Pardo y, cuando menos en lo que se ha visto hasta el momento, no hay quien pueda descarrilar su proyecto de continuación de la Cuarta Transformación institucional del país.
Decir, como dijo el líder de los trabajadores del IMSS, que es el tiempo de las mujeres, es muy pobre y no alcanza para una candidatura presidencial, aunque en ella hayan transitado gente como Fox, Calderón y Peña Nieto.
Pero, la doctora Sheinbaum es una académica reconocida, lo que cubre el aspecto intelectual; además, ha sabido gobernar con gran acierto la gran urbe capitalina, que no es poca cosa.
Por poner un ejemplo, pudo, sin violencias ni agresión a la integridad personal, controlar y desarticular la violencia disque feminista que asoló la ciudad de México y generó destrozos inauditos. Ha podido solucionar el conflicto de movilidad con innovadoras soluciones. Ha sabido mantener la calma en las tormentas y dar la cara en cada situación difícil.
Es natural y propio que surjan ambiciones personales, lo que le pone sabor al caldo y cierra la puerta a protagonismos contrarios a la propuesta de justicia social; pero, a fin de cuentas, todos saben que hay un rumbo y una ruta para la recuperación del país que, se entienda o no, fue modelo político universal, como lo avala la presencia de los más destacados intelectuales del planeta en estas tierra para saber qué pasaba aquí.
Habría que citar al doctor Padilla Nervo representante del país en el Consejo de Seguridad, el Consejo de Administración Fiduciaria (del que fue Vicepresidente en 1949), el Consejo Económico y Social, y la Comisión Interina de la Asamblea General (de la que fue el primer Presidente).
Que en marzo de 1951 fue elegido como uno de los tres miembros de la Comisión Permanente de Buenos Oficios para lograr el cese de las hostilidades en Corea, para entender el milagro mexicano.
O, al secretario de Gobernación, con una asombrosa capacidad de conciliación y amplia experiencia política y ejecutiva, quien manifestó que: “Hace muchos años, un paisano me enseñó que en política se debe construir al mismo tiempo que incluir el equilibrio entre la razón y la pasión. Serenidad y paciencia, los tiempos del Señor son perfectos”, que, al mismo tiempo lo incluye y lo excluye.
Irse por la libre está bien; pero, que nadie se queje después de que fue abandonado. En el libro de libros, que muchos mencionan; pero, pocos leen, está asentado que muchos serán los llamados y pocos los escogidos, lo que indica que todos son convocados a asistir a la gran tarea.
Muchos han crecido en el México revolucionario y han tenido contacto con la justicia social.
Otros han tenido la oportunidad de vivir en un país de libertad, aunque la justicia ha fallado; pero, en todos los casos, los mexicanos han sido dueños de su propia destino.
Hoy, en momentos decisivos, la doctora Claudia Sheinbaum es garante de continuidad y fortalecimiento del proyecto humanista que tanto reconocimiento ha tenido de las mentes más brillantes del planeta. Obviamente, como lo ha manifestado de manera reiterada, el presidente no va a imponer a su sucesor; este trabajo está destinado a lo ciudadanos de este país, los que conocieron, vivieron y gozaron las virtudes del México revolucionario o los que hoy tienen una oportunidad de vivir en paz, armonía y fraternidad.


