No lo puedo negar, me llama mucho la atención toda la discusión que ha revivido ahora que se anunció que la película “Ya no estoy aquí” es la propuesta de México para ser considerada entre las nominadas a mejor película extranjera.
Al igual y como sucedió hace unos meses tras su estreno en la plataforma de Netflix, la cinta que cuenta la historia de un “cholo” de los barrios bravos de la capital de Nuevo León ha recibido todo tipo de comentarios, a favor y en contra.
Otra vez Twitter y Facebook se convirtieron en un campo de batalla entre quienes defienden el film y quienes consideran que es una porquería. Ver el agarrón, debo decirlo, es bastante entretenido.
Sin embargo, existe un punto en este ruido de redes que me puso a pensar, y ese es el argumento de algunos detractores de la película quienes aseguran que “los cholos”, las cumbias “rebajadas”, “la Indepe” “La Campana” y las situaciones que se muestran en la cinta “no son Monterrey”.
Como quizás algunos lo saben, tengo poco más de seis años de residir en esta ciudad, a donde llegué tras toda una vida en la frontera, así que no creo que pueda responder la pregunta de ¿qué es Monterrey?
Pero, conste, que no pueda responderla no quiere decir que no pueda hacerla.
Entonces ¿qué es Monterrey?
Habrá quién me diga que esta ciudad es una capital industrial, edificada con el sudor de obreros mexicanos quienes la convirtieron en la joya del noreste de México… pero esta imagen no la compro.
Es cierto, la ciudad fue eso… pero hace medio siglo, hoy las cosas han cambiado mucho y la industria ya no es la base de la economía local.
Entonces ¿Monterrey son Tigres y Rayados? ¿La “mejor afición de México”? ¿La ciudad que vive con más pasión el futbol? No creo que sea justo reducir a esta sociedad a un juego de pelota que, seamos sinceros, apenas tiene una década que le ha dado alegrías a estos territorios.
Obvio que Monterrey no es San Pedro Garza García con sus centros comerciales, restaurantes de lujo y parques que se esfuerzan demasiado por parecerse a los de Estados Unidos.
¿Monterrey es carne asada y cerveza fría? Espero que no, pues aunque aquí pueden encontrase cortes de primera calidad, cualquier carnicería de lujo regiomontana palidecería con el producto que se ofrece en Sonora.
Es más, la gastronomía local es deliciosa, nadie le puede decir que no a un cabrito, un asado de puerco o unos empalmes, pero si los comparamos con la oferta de regiones como Oaxaca, Yucatán o Sinaloa… la verdad no queda más que pedir disculpas y retirarse en silencio.
Me rehuso a pensar que esta ciudad, que en seis años me ha dado muchísimas cosas y es la cuna de mi hija; sea una sociedad clasista, intolerante, segregativa, que piensa que tribus urbanas como las que aparecen en “Ya no estoy aquí” no deben de recibir atención pues son feos, alejados de un standard de belleza impuesto por la obsesión de algunos de parecer gringos.
Me queda claro que Monterrey es “los Terkos”, los obreros, los “libres y lokos”, la “wannabe”, los acólitos de las carnes asadas, los recién llegados y todos esos grupos que no he mencionado quienes, en conjunto, debemos de estar muy contentos que uno de nosotros está sobresaliendo a nivel mundial.
Al final es imposible simplificar qué es una sociedad tan compleja que no puede (y no debe) permitirse relegar a nadie porque, entendamos, todos llegamos de alguna otra parte para instalarnos en esta tierra de hermosas montañas que hemos reclamado como nuestra.
Ojalá “Ya no estoy aquí” siga volando muy alto… aunque en lo personal me parezca que la película se preocupa más por la fotografía que por la historia y por eso la última parte se cae horrible, ofreciendo un final decepcionante.

