Esa ansia loca por los osos

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La semana pasada les decía a mis tres lectores, que no termina la raza de subir todo lo que quiera a la web y sentirse influencers. Ya cualquiera piensa que por decir algo ya va ser standupero como Franco Escamilla.

Osea, bájenle tres rayitas. Lo que han hecho las redes sociales es poner a cualquiera al alcance a todos, para que suban cualquier tontería y tener sus 15 minutos de fama. Si antes la única forma de que lo conociera todo mundo era ser conductor en Televisa o Tv Azteca, pero ahora hasta el vecino que no me habla puede subir contenido… y no siempre es de buena calidad.

Si a la tele los estudiosos de la comunicación la llamaron contenido de basura, porque nos conformábamos con ver solo lo que nos pasaban, como los concursos de música ranchera a la hora de la comida. Que por cierto todavía siguen muchos programas de televisión con esa dinámica, pero los chavos ya no ven esa TV. Ahora todo es redes sociales.

Si vieran a la Rosa María grabando mi desayuno y luego me dice “¡Ya baja a desayunar viejo!” mis huevitos con salsa de chorizo de Don Juan, con sus frijolitos en bola y tortillas de harina recién hechas. ¿Pero para qué lo graba? ¿De verdad todos quieren saber eso? Qué ansia.

Si alguien tiene la creatividad de subir contenido ingenioso adelante, pero así conocimos miles de llamaradas de petate, de videos graciosos como del niño Edgar a quien le movieron un tronco de un río y este reacciona “¡ya güeeey!” en YouTube por el lejano 2006.

Yo trabajo un medio de comunicación y pos mi chamba es buscar la nota, fui reportero por allá de los años ochentas en Monterrey, cuando no había ni celulares entonces.

Pero ahora pos como cualquier cristiano grabé a un perrito asustado cruzando la avenida transitada de Leones o un accidente en una esquina con un repartidor de periódicos tirado en el asfalto, mientras se desperdiciaba agua de un hidrante.

En mis caminatas diarias me ha tocado grabar a un chofer de Uber muerto, que se puso a cambiar una llanta sin percatarse del peligro de hacerlo en esa avenida. En qué cabeza cabe hacer esa maniobra tan peligrosa en nuestras calles.

La raza cree que vas a Chipinque y solo es grabar a un oso que pase por ahí y esperar a que se coma los tacos en una mesa.

Ahí te encargo a la mamá empanicada jugando a las estatuas de marfil, mientras el animal devoraba su desayuno. También piensen en el momento de quien grabó el video:

“¡Lo tengo que grabar! ¡Esto lo tienen que ver todos en las redes!”, pensaba el chavo, la pregunta es ¿por qué no espantaron al oso con algo de ruido, para proteger su seguridad?

También el año pasado un oso abrazó a una joven por la espalda, mientras ella permanecía quietecita allá cerca de las montañas de San Pedro.

Pero ¿y el que lo grabó? No podía salvarla de un arañazo? Noooo, porque es más importante tener ese momento en redes sociales.

Hasta los sitios recomiendan guardar la calma si se topan con un oso negro: no lo alimentes, no le arrojes piedras, no tomes “selfies”.

Los invito a crear buen contenido, que sirva para impulsar la cultura, la democracia, que invite a leer libros (que ya los chavos no compran), que impulse la comunicación y los buenos hábitos.

Si se ponen a subir crímenes, balaceras, bueno hasta el mismo Facebook los va a sancionar, quitándoles su contenido.

Por eso sigan así, huyan de las balacera$ sean felices, no las graben, no difundan la violencia y no hagan caso a ese signo de pesos, es para que el algoritmo de Face NO se me enoje y me censure.

 

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