Negros nubarrones se vislumbran en la contienda política que se viene para la renovación de los poderes locales en Tamaulipas.
Todo parece indicar que a las propuestas e iniciativas de la gente que ha entendido la política como el arte de servir bajo la premisa de la 4T “por el bien de todos, primero los pobres”, habrán de oponerse las fuerzas perversas que han perdido privilegios, utilizando las armas que mejor saben manejar: la calumnia y la descalificación.
Es tan evidente el pobre bagaje de la oposición y de los enemigos de dentro del movimiento, que no pueden más que acudir a los más bajos recursos mediáticos para difundir mentiras que, como dijo Andrés Manuel, cuando no manchan tiznan.
Quieren convertir la arena política en un gran lodazal para tener ventaja competitiva, porque ese es su medio, de ahí han nacido, ahí han vivido y ahí se han refugiado para seguir uncidos a las ubres presupuestarias.
Rebajar el debate político para crear confusión, ha tenido éxito en algunas ocasiones, prueba de ello es que Tamaulipas ha tenido gobiernos lamentables; pero, esas tácticas goebbelianas ya resultan inaceptables en las actuales circunstancias.
El descrédito del oponente con embustes y acusaciones improbables, ya no tienen éxito; quizá por ello ya no lo usan ni los miembros de la delincuencia, entre quienes se han establecido reglas de honor infranqueables.
Los códigos neoliberales: “el que no transa no avanza”, “por un hueso hasta la ignominia”, “arriba o abajo, pero siempre dentro”, “el pez grande se come al chico”, “vender hasta la madre”, “ahora me toca a mí”, dieron como resultado la más terrible corrupción que haya conocido el Anáhuac, permitiendo la concentración infame de la riqueza generada con el trabajo colectivo, en una cuantas manos tan estériles como inútiles.
Por fortuna, un hombre probo, visionario y valiente recorrió de cabo a rabo todo el país sembrando la semilla de la esperanza en los corazones de la gente de buen voluntad para hacer realidad la revolución de las conciencias y retomar la mística de los grandes valores que han hecho del pueblo mexicano un ejemplo mundial de calidad humana, riqueza cultural y poderío espiritual.
El despertar de la gente, gente de carne y hueso, de leche y pan, no permitirá que triunfen las campañas de odio y de mentiras. Podrán los mal nacidos lanzar sus oprobios al viento y sus plañideras podrán magnificarlos en los medios proclives a la venalidad; pero, jamás podrán derribar las columnas de granito del trabajo, la entrega y la dedicación de quienes entienden la política como una gran oportunidad para aportar a la grandeza de Tamaulipas, de Reynosa y de su gente.
Como escribiera Díaz Mirón: “Los claros timbres de que estoy ufano/ han de salir de la calumnia ilesos./ Hay plumajes que cruzan el pantano/ y no se manchan… ¡Mi plumaje es de esos!”. Y, ¿cómo no recordar al colosal Rubén Darío: “Puede una gota de lodo/ sobre un diamante caer;/ puede también de este modo/ su fulgor oscurecer;/ pero aunque el diamante todo/ se encuentre de fango lleno,/ el valor que lo hace bueno/ no perderá ni un instante,/ y ha de ser siempre diamante/ por más que lo manche el cieno”.
En mi largo bregar por el ancho mundo, he aprendido algo muy certero: aquel que escupe al cielo, se le llena la cara de esputo.
Escupir al cielo


