Ese ‘No sé qué, que qué sé yo’

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Quizás por haber trabajado tantos años en los medios de comunicación, he conocido a muchas personas que son físicamente muy hermosas. Algunas naturalmente bellas y otras muy “producidas”; pero que de una forma u otra, están armadas con todos los atributos que dictan los cánones de belleza, tanto en hombres como en mujeres. Y, sin embargo, sus historias de amor son una triste cadena de fracasos, soledad y rupturas dolorosas. Algunos dirán: “¡Es que ella es tan bonita que espanta!” o “El es tan guapo que hasta da miedo”… la verdad, es que existen incontables historias de personas hermosas que captan las miradas pero no capturan corazones: Atraen, pero no conectan. Son admirados por fuera, pero no invitan a profundizar; paradójicamente atraen y repelen al mismo tiempo.

Estudiando un poco más a fondo el tema del amor de pareja, descubrí que hay personas que tienen “algo”, tienen un “no sé qué, que qué sé yo” que enamora y que va más allá de un físico espectacular o de una personalidad arrolladora. Se trata de algo que no se ve, pero se siente, se percibe…algo así como un aura o una energía que emana de su interior. Es algo más fuerte que el aspecto y más poderoso que la química sexual. Se trata de un “no sé qué, que qué sé yo” que atrae, conecta y retiene. ¿Pero en qué consiste?

Bien pues, resulta que cuando las personas viven “apostándole” a atributos externos, consciente o inconscientemente, siempre tienen miedo de perderlos. El ego toma las riendas de su ser y los vuelve soberbios, vanidosos, perfeccionistas, extremadamente exigentes consigo mismos, obsesivos respecto a su apariencia, aferrados a un molde narcisista y abusivo, se maltratan a sí mismos a medida que pasa el tiempo y resulta cada vez más difícil mantener los estándares de aquello en lo que ellos creen que radica su valor y su poder. ¡Hasta sus “parejas” ocasionales resultan ser solo un accesorio decorativo, un complemento para su ego y no una relación significativa! Todo esto va convirtiéndose en una armadura impermeable e impenetrable que no permite que entre o salga verdadero amor. Y, cuando irremediablemente, dichos atributos se pierden, estas personas quedan vacías y solas; fatigadas y exhaustas de tanto perseguir una perfección inalcanzable.

En cambio, aquellos que entienden que no necesitan parecer perfectos, que aceptan sus limitaciones, logran crecer desde una amorosa paz interior y no sucumben a la esclavitud del ego. Saben que su relación con los demás no necesita ser perfecta, solo necesita ser real. Esa realidad es el resultado de integrar cuerpo, mente y alma en una sólida relación con uno mismo en primera instancia. No se mienten a si mismos ni le mienten a los demás envolviéndose con apariencias y poses artificiales. Las personas verdaderamente exitosas en el amor, son aquellas que se dan a sí mismas verdadera aceptación y soporte incondicional y se sienten a gusto siendo quienes verdaderamente son; personas que se sienten bien y empoderadas con su propia energía. Y dicho sea que, es precisamente esa energía que genera el estar bien con uno mismo, lo que hace a las personas muy atractivas, eso que llaman “magnetismo”, ese “No sé qué” y que además den ganas de quedarse.

Finalmente, toda relación no es otra cosa más que una proyección y un reflejo de la relación que tenemos con nosotros mismos. Nadie puede dar lo que no tiene.

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