Hoy 19 de mayo, es el Día Mundial del Juego Limpio, El 1 de julio de 2024, la Asamblea General adoptó la resolución A/RES/78/310, para marcar este día 19 de mayo con ese tema.
El juego limpio (conocido en inglés como fair play) es un principio ético fundamental en el deporte que va mucho más allá de simplemente cumplir las reglas. Abarca el respeto al adversario, la igualdad de oportunidades, la honestidad, el compañerismo y el rechazo a las trampas, la violencia y la corrupción.
Ahora que andan todos tan alborotados con el tema del Mundial de Futbol de FIFA, valdría la pena considerar la importancia del “fair play” y como aplica para muchas competencias, además del deporte. Por ejemplo, en el ámbito de la política, particularmente en el tema de las contiendas electorales.
Las “guerras sucias” son sin duda un claro ejemplo de la antítesis del juego limpio. En las guerras sucias, todos pierden…aun los que creen haber ganado, terminan perdiendo de muchas formas, especialmente en materia de credibilidad y confianza, arrastrando siempre y por lo menos, una sombra de duda y de falta de escrúpulos y degradados. Y es que, esas batallas de chiquero, invariablemente salpican y ensucian todo a su alrededor.
Recordemos los nefastos “debates” que hemos presenciado en tiempos electorales. Los llamados debates son todo menos eso, – son espectáculos morbosos-porque escasean las propuestas y sobran las acusaciones, las descalificaciones y la decepción dejando al espectador desmoralizado y con la idea de tener que votar (si es que decide votar) por quien le parezca el menos malo. La desmoralización social no solo es altamente desgastante, sino también deprimente. Sucede invariablemente también en los cada vez más paupérrimos discursos de campaña plagados de retórica deficiente. Pero eso no es lo peor.
Lo peor, es que luego no pasa nada. Las tremendas acusaciones, algunas casi criminales, se quedan en el aire, en el limbo, la denuncia pública que se ventila con singular vehemencia en los llamados debates sucios, no pasan de ser meras vociferaciones, sin aparente consecuencia legal, sin denuncia formal, sin consecuencias para el acusado en caso de que fueran ciertas, ni para el acusador en caso de que fueran difamaciones o calumnias. Lo único que en efecto queda, es una sensación de disgusto y decepción profunda en los ciudadanos electores., viendo como los contendientes se sacan “ases bajo la manga”, no para hacer justicia a los ciudadanos, sino solo por interés político.
Sería conveniente que, dada la fiebre deportiva y futbolera que traerá consigo el Mundial 2026, todo aquel o aquella que participe en una contienda de cualquier tipo, considere la importancia ética del juego limpio y, si han de reclamar cualquier forma de juego sucio, que se haga con la formalidad que implica, y no solamente a manera de golpes bajos que solo sirven para ganar perdiendo, sin claridad y sin consecuencias, dejando una estela de pobreza y podredumbre política y moral (si es que esas dos palabras pueden ir juntas) en el proceso.


