Vaya pastel que buscarán arrebatarse los partidos políticos y los ahora Candidatos Independientes en las elecciones del primer domingo de junio próximo.
No es para nada despreciable buscar ganar la mayoría de las 12 Gubernaturas, que en conjunto representan más del 25 por ciento del Producto Interno Bruto Nacional, además de confirmar la fortaleza de la marca triunfadora, ya que sin duda, los resultados serán un preámbulo de lo que sucederá a nivel nacional en el 2018.
Pero la novedad y el “morbo social” de este juego político que ya inició será sin duda la masificación de los ahora conocidos como “candidatos independientes”, luego de su aparición formal en las elecciones del año pasado.
Recordemos que en el 2015, cinco ciudadanos buscaron su registro para participar como candidatos Independientes a la gubernatura, tres lo lograron y uno de ellos; Jaime Rodríguez Calderón, logró hacer historia al convertirse en el gobernador de Nuevo León.
Pero eso ya es historia; ahora en el 2016, los Institutos Electorales en las entidades en las que se realizarán procesos estatales, han registrado a 30 candidatos independientes a gobernador, 26 hombres y cuatro mujeres.
16 de los “suspirantes” han tenido experiencia política o gubernamental previa, mientras que 14 vienen “nuevecitos” del Sector Privado, es decir solamente ellos son los que llenan el calificativo de “Independientes”, el resto son “cartuchos quemados” y renegados de partidos políticos en los que han militado a lo largo de su vida.
Todo esto sucede, porque es un hecho que en el Siglo XXI, los ciudadanos son cada vez MENOS leales a las marcas, ideologías, religiones, grupos de poder, partidos políticos… y gobiernos.
Se confirma que ahora, ante tanta saturación de mensajes por el explosivo aumento en las herramientas de comunicación, la opinión pública actual al tener mayor y más rápida información a su alcance; descarta fácilmente cualquier mensaje que no lo “conecte”, “adoptando” de manera instantánea otro que satisfaga, al menos por el momento, sus expectativas.
Además de que con el tremendo “brincadero” de un partido a otro, los ciudadanos se enfrentan a una nueva realidad política, la búsqueda del poder… por el poder mismo, haciendo a un lado las ideologías y lealtades partidistas.
Entonces…si los políticos ya NO son leales a los principios de los partidos políticos que un día “juraron cumplir”, ¿qué les hace pensar a los hombres del poder, que la gente NO pueda hacer lo mismo?
El mensaje que los ciudadanos están mandando a sus gobernantes es muy simple y directo:
Ya NO son leales a ninguna marca política, al estar en un fase de maduración aquellos grupos sociales que hartos de la impunidad y la falsa e hipócrita “competencia política”, encontraron en las famosas redes sociales un foro válido para exponer sus puntos de vista.
Así como las clases medias son detonantes de grandes movimientos sociales, ahora lo reconfirman con el interesante activismo social encadenando mensajes alternos, al enviado por los medios de comunicación tradicionales.
Vaya, las redes sociales toman la batuta, cada vez que se acerca una elección para difundir su propio mensaje y NO el emitido por los equipos de campaña de los candidatos, mismos que muchas veces parecen “candidotes”.
No hay duda, como las grandes batallas, la estrategia de comunicación y propaganda, servirá para saber si se ganará una elección o se perderá… antes de iniciar la campaña.
Aunque son recurrentes al intentarlo, los políticos siguen enfrascados en convertir una red social en una red política, olvidando que en estos tiempos la opinión pública no necesariamente es la opinión publicada y viceversa.
Por eso, no debemos de sorprendernos cuando los grandes estrategas de los candidatos nos saturen con mensajes de supuestas encuestas en las que sus representados “ya ganaron”, estrategia válida aunque no siempre eficiente; poner a la “sondeocracia” por encima de la “democracia participativa”.
Muchos piensan que al ganar “el aire” ganarán “la tierra”; los resultados siempre han confirmado que es una apuesta sumamente arriesgada.
En estas elecciones, parecerá que importan más las tendencias que manejen las múltiples casas encuestadoras, que los resultados oficiales emitidos por los Institutos Electorales; el árbitro aceptado por todos los participantes en el juego del 2016.
Con ello, resultan incongruentes los hechos, ya que los aspirantes “respetarán” las tendencias y resultados, siempre y cuando les sean favorables. Pero se encargarán de denostarlos en caso contrario, sin importar que los números finales sean emitidos por organismos de representación de los ciudadanos, mismos a los que “juran y perjuran” querer servir.
30 candidatos a la Gubernatura… sólo 12 de ellos saldrán triunfadores.
¿No es momento para que todos firmen un Pacto de Civilidad ante grupos sociales para comprometerse a respetar los resultados?
México se los demanda…


