El siguiente es un relato cronológico de los sucesos acaecidos a partir del lunes 18 del presente en la Ciudad de México. Citados que fueron el gobernador del Estado de Tamaulipas, Américo Villarreal Anaya; la secretaria de Educación Pública, Leticia Ramírez Amaya; el secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, Alfonso Cepeda Salas y el líder del magisterio en la entidad, Arnulfo Rodríguez Treviño, se reunieron con la secretaria del Trabajo, Luisa María Alcalde Luján.
El primer día, de entrada, Arnulfo retrasó el inicio de los trabajos porque impuso un nuevo capricho. “Concedido”, dijo Luisa María. El rancio representante del sindicato de maestros en Tamaulipas, creyó haber ganado la primera jugada y con ello se fue de bruces. Ni siquiera se imaginó que, además de muy talentosa, la secretaria de Gobernación tiene muchas tablas en el quehacer político, desde joven, cuando encabezó importantes movimientos estudiantiles. Le puso queso gruyere a la trampa y el ratón cayó engolosinado.
Ya no pudo recuperarse y, en prevención de que pueda existir algún rajado, la propia secretaria puso en su cuenta de X una foto de los asistentes a la reunión y un texto en que se lee: “…Acordamos que se hablará con los maestros para que a partir del miércoles (hoy) se instale una mesa que atienda sus demandas laborales y, al mismo tiempo, se puedan reiniciar clases”. La bella se comió a la bestia con la aquiescencia de todos los que ahí tenían autoridad y representación.
Ya de aquí pal´real, lo que haga cada quien que con su pan se lo coma. Los acuerdos son los acuerdos y si se violan ya se está ingresando a un terreno peligroso, que, por otra parte, sería bueno para dar una fuerte sacudida a la corrupción que abunda en el sector educativo a donde van a parar los que no sirven para nada más, con las honrosas excepciones que confirman la regla, cuando se trata de maestros con vocación, responsabilidad y amor a los niños.
Hay un viejo y conocido refrán que recomienda no ponerse con Sansón a las patadas.


