Como me ven muy activa en el día día me dicen que de niña debí ser hiperactiva, pero no fue así, mi abuela que me cuidó desde los tres años. Cuenta que donde me dejaba sentada, ahí la esperaba, inclusive mientras estaba de consulta en el hospital.
Ya que supe andar sola en la calle, después de los siete años me volví muy intrépida e inquieta, creo que fue por culpa de mis maestras de primaria que nos sembraron la semilla de la superación, de fijarnos metas y de ahí en adelante no paraba hasta conseguirlas.
Algunas objetivos no tienen palomita, pero la mayoría se han logrado por constancia, que fue la medalla que me dieron mis compañeros en sexto de primaria; el diploma que me otorgaron en el grupo de secundaria fue el de la astucia; además que la maestra de mi último grado al entregarme las calificaciones y el certificado de secundaria, hizo la observación de que era muy emprendedora.
Todo eso me lo creí y entonces busqué espacios para desarrollarme en distintas áreas donde veía que era buena, porque de estudiante ya había participado en debates, baile, canto, pintura, escritura, maestra de ceremonias y otras actividades, pero era hora de probar suerte y abrirme puertas en la vida real, así tuviera que trabajar duro para autofinanciarme.
Desde secundaria era fanática de comprar revistas. Me gustaba coleccionar y ver la fotografía editorial; analizaba los diseños de cada sección, sus nombres, contenidos y me sorprendía como podían ser tan creativos al momento de armar todo en su conjunto.
Después, a los 15 años, cuando era estudiante de preparatoria, al ir en un camión, vi a una mujer muy bonita vestida con traje sastre negro, supuse por su perfil que era modelo, así que me acerqué, le pregunté, y me dijo que sí, entonces me dio el teléfono de Gerardo Luna, mi primer agente de modelaje.
Más tarde fui a buscar a Gerardo Luna en su oficina en el centro de Monterrey. Me solicitó un “book”, es decir un álbum de fotos para así poder ofrecerme con las marcas con las que trabajaba en eventos, sesiones de fotos para publicidad o hasta videos musicales.
Fue con Excellence, la agencia de Gerardo Luna, donde realicé sesiones de fotos para el Grupo Reforma, en el estudio de fotos del “El Norte”, para el desaparecido periódico “El Sol”. Una experiencia increíble con fotógrafos y diseñadores profesionales, con quienes compartí el gusto por la creatividad frente a las luces y cámaras.
De mi trabajo formal pude pagar una mini sesión de fotografía en “Ángel color” de la avenida Juárez en Guadalupe. Eran unas fotografías pequeñitas, del tamaño de unas instantáneas, porque no pude invertir más, pero mi sorpresa fue que al pasar por la sucursal, unas semanas después me habían convertido en su modelo y pusieron una de mi fotos en gran formato y en el aparador.
Así fue mi juventud, puro trabajo, andar de un lado a otro con agenda saturada que yo misma manejaba entre empleo formal, trabajo de edecán, modelo, así como clases de preparatoria y de canto; es decir andar de vaga todo el día en la calle buscando superarme, abrirme camino y llegar a casa exhausta sólo para dormir.


