Mal hacemos en tomar en cuenta al polémico multimillonario inmobiliario, Donald Trump, pues mi madre no se cansaba de aconsejarme: “A palabras necias, oídos sordos”. Y a los loquitos hay que dejarlos hablar solos aunque estén nadando en dinero y tengan un poder descomunal para llamar la atención a nivel mundial.
Pero caemos en su provocación y seguimos sacando raja de su odio hacia los mexicanos y su manifiesta xenofobia por nuestra raza. Nos entercamos en contestarle e inclusive insultarlo creyendo en el viejo dicho: “El que calla otorga”. Y la andanada de comentarios va y viene de un lado a otro.
Así, ya cambió su discurso discriminatorio del día 21 de junio en que se “destapó” como precandidato del Partido Republicano para contender por la presidencia de Estados Unidos. Y del muro prometido en los tres mil kilómetros de frontera con México y su rechazo a los paisanos “porque sólo traen crimen y drogas”, ahora sale con que le gusta México y le encanta el espíritu de nuestro pueblo, según escribió en su cuenta de Twitter.
Sus locuras no tienen fin. Y aunque hay unas muy buenas como su hotel recién estrenado en Panamá, que es el más alto de esa nación centoramericana, también se pasa de la raya en muchas ocasiones en que da muestras de cómo el dinero desquicia a quienes no han aprendido a madurar a pesar de los 69 años que se carga este hombre en sus espaldas.
Sus locuras tienen diversos matices y alcances políticos, como eso de “autodestaparse” en busca de suceder a Obama. Cualquiera tiene derecho, es cierto, pero no cualquiera tiene posibilidades de llegar a la Casa Blanca, con todo y su enorme fortuna. Más todavía aquellos que han exacerbado el ánimo de los mismos norteamericanos en su contra, como es el caso del propio Donald Trump.
Por eso hacemos muy mal en tomarlo en cuenta en sus declaraciones triunfalistas, pues lo hace con una gran dosis de provocación para que la opinión pública se “ganche” y le responda, tomando más en cuenta su postura, como fue el caso del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, que casi se le pone a las patadas y expresó que el que se mete con México se mete con Venezuela.
Estoy seguro que el propio Donald Trump sabe el largo camino que le espera para cumplir su sueño. En sus adentros está súper convencido que tiene enfrente enormes dificultades para que el Partido Republicano lo acepte como su abanderado. Eso para empezar. Y luego ya sabe lo que le espera si Hillary Clinton es la candidata del Partido Demócrata a la que hay que enfrentar. En consecuencia, este singular personaje simplemente habló para llamar la atención y calentar el ambiente político de su país.
No creo que los republicanos se inclinen por este tipo de enfermos del ego, ni estando en tiempos de guerra contra México. Veo casi imposible que alguien lo siga en su xenofobia para apoyarlo en unas elecciones tan importantes como la presidencial. Y si así fuera, no me imagino a los demócratas cruzados de brazos para allanar el camino hacia la Casa Blanca a un loquito como Donald Trump. Al contrario, se llenarían más las urnas de votos en su contra.
Así es que el camino para cumplir su amenaza es muy, muy largo. Y mejor le recomendamos que se muera cuanto antes, con el fin de que no vea el día en que un político de origen mexicano sea presidente de los Estados Unidos de América y se enfunde en la bandera de las barras y las estrellas.
Creo que Donald Trump se moriría de pesar. Así es que le aconsejamos se muera antes. Porque ese día, no lo dude, llegará. No sabemos en qué fecha, pero llegará, y si, ya más viejito, se moriría de un infarto con tal noticia, es mejor que se muera en su camita rodeado de sus millones de dólares.

