Mi nueva afición: cocinar

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Crecí en una familia grande, donde mi abuela era quien tomaba el mando de la cocina. Sus comidas era muy tradicionales y siempre recalcó que eran importantes los caldos, que no le parecía saludable la comida “seca”, como las quesadillas.

Entre mis tías y yo, hacíamos bromas que ella siempre realizaba caldos en canícula y ensaladas en tiempo de frío.

En días de fiesta, la cocina que es de muy tamaño, se llenaba de mis tías, todas presumiendo sus dotes de cocineras: entre más pequeñas picaban las verduras, mejores eran.

Como nieta nuca formé parte de esa cofradía culinaria, tal vez porque ya eran muchas en un solo espacio, o porque como niños nos consentían demasiado.

Mi tía Nancy puso un puesto de tacos donde le ayudé a lavar la platos y a meserear. Sus tortas de bistec con cebolla dorada eran las mejores, nunca volví a probar una igual. También mi mamá tuvo negocio los fines de semana de antojitos mexicanos y tampoco le ayudé en nada de cocina, sólo a repartir y a limpiar.

¡La cocina se rehusaba a dejarme a entrar! No era mi tiempo y para eso pasaron muchos años, tal vez porque en ese entonces eso me parecía una pérdida de tiempo. Al decir verdad, siempre soñé con tener una cocinera que me preparara las tres comidas del día, mientras yo sólo me dedicara a pintar.

Estuve negada totalmente a la estufa, me daba miedo el fuego, tanto así que mi mamá un día a los diez años me obligó a prender la hornilla con cerillos antes de ir a la escuela, si no no me daba para el autobús.

Ella me decía con mucha esperanza que el día que yo probara cocinar, me iba gustar hacerlo.

De mis películas y libros favoritas: “Como agua para Chocolate”, en donde se describen los olores y sabores mexicanos de recetas pasadas de generación a generación.

La cocina hoy es en mi nostalgia hacia mi familia, siento que eso de que se enamora por el estómago es verdad, ya que conecta primero contigo a través del proceso donde entendiste cómo trabajar con el fuego, los ingredientes y los tiempos; después esa dedicación se trasmite a quienes la consumen.

Ahora cada vez que voy a un supermercado compro ingredientes para combinar y jugar con la creatividad y me entusiasma adivinar el resultado.

Mis dos hijos me han hecho cumplidos por los platillos que les he servido en la mesa y como son niños, les creo.

Podría ser buena abuela gracias a este don que recién descubrí, y como lo disfruto, ahora paso más tiempo en la cocina.

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