Lucio Domicio Ahenobarbo se convirtió en emperador con el nombre de Nerón a los 17 años en el año 54 D.C.; habría reinado de forma ejemplar en el comienzo, pero por ese misterioso cambio que el poder ejerce en los seres humanos, se transformó en uno de los gobernantes más crueles, narcisistas y megalómanos de la historia. El escritor romano Plinio lo describió como un veneno para el mundo.
El impresionante incendio de la ciudad Roma arruinó gran parte de esta gran metrópoli el verano del 64, cuando Nerón fungía como la máxima autoridad, era el emperador. La puntualidad histórica de este suceso es muy dispersa pues hay muchas contradicciones entre los historiadores, este último dato no es novedad, los historiadores tienen el hábito de contradecirse, pero ese no es el meollo de la columna.
Se presume que el incendio comenzó una noche de julio del año mencionado, que las llamas hicieron presencia y la ciudad ardió por espacio de al menos cinco días. La devastación que causó el fuego fue geográficamente muy amplia: según el historiador Tácito, cuatro de los catorce distritos de Roma fueron destruidos, y otros siete quedaron dañados. Culturalmente algunos monumentos de la ciudad, como el templo de Júpiter y el hogar de las vírgenes vestales, fueron pasto de las llamas. Esto fue una pérdida cultural sin precedente hasta entonces. Nadie lo esperaba.
Se dice que lo más relevante del enorme incendio fueron las devastadoras consecuencias; que al momento que Vulcano, dios del fuego, evocado por Nerón, hacía de las suyas, nadie alcanzaba a ver el tamaño de los daños, los cuales serían medidos solo con el paso del tiempo. Cuando estudié en el seminario bautista en Monterrey me dijeron que este hecho era la raíz de la primera persecución a los cristianos, ya que, después de propiciar el incendio, el nefasto Nerón culpó a los pobres seguidores de Cristo de haber instigado dicho incendio, y muchos cristianos pagaron por la postura desmesurada de un loco que descansaba sólo en el poder que hasta entonces tenía, y fueron enviados al otro mundo por algo que ellos no habían hecho. Nerón disfrutaba del miedo que le tenían. Pensaba que Roma le pertenecía y que su poder era eterno.
No obstante la esquizofrenia de Nerón no paró ahí, puesto que en los terrenos afectados que quedaron como baldíos determinó hacer un monumento para que lo aplaudieran, uno de los símbolos de su megalomanía, conocido como la Domus Aurea, un palacio de proporciones desmedidas y de gran lujo que ocupó buena parte del centro de Roma.
Algunos historiadores mencionan que fueron ciento treinta y dos casas y cuatro manzanas de edificios los que ardieron en seis días y al séptimo se detuvo el incendio producido por este personaje que decía amar a Roma. Sus hechos demostraban todo lo contrario. Por sus frutos los conoceréis.
La megalomanía de este personaje no le permitía ver el daño que iba sembrando en la tierra que gobernaba, al grado que se dice que en el transcurso del incendio se puso a tocar la lira, otras versiones mencionan que cantó vestido para la ocasión, una melodía de nombre “El Iliou persis”, en castellano “El Saqueo de Troya”, de haber existido redes sociales hubiera subido un video como si todo estuviera bien.
Este trastorno mental que padeció Nerón, implicaba que se veía a sí mismo fuera de la realidad que lo conformaba y a través de una narrativa insistente lograba que los más cercanos le creyeran e incluso unos no tan cercanos, se creía a sí mismo como poseedor de virtudes que no tenía. Nerón huyó de Roma a través de la Vía Salaria. Sin embargo, a pesar de haber huido, se preparó para suicidarse con ayuda de su secretario Epafrodito, quien lo apuñaló cuando un soldado romano se aproximaba.
Querido y dilecto lector, este emperador romano aprendió demasiado tarde que el poder no es eterno y que los carniceros de hoy serán las reses de mañana.
El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación confirmó ayer el triunfo del Doctor Américo Villarreal Anaya para ser el próximo gobernador de Tamaulipas, a partir del próximo sábado y hasta el 30 de septiembre del 2028. 2,192 días de gobierno.
El tiempo hablará.

