Cuando el chihuahueño Emilio Lozoya Austin empensaba hacer algo en la vida, tenía la ventaja que venía de una familia política con trayectoria.
Su abuelo Chuy Lozoya Solís tenía la “expertise” de ser gober interino de Chihuahua y un médico militar bien conocido en la tierra de los tarahumaras.
Ya el apá de Emilio III, quien se llama Emilio Lozoya Thalmann, jue director del ISSSTE y secretario de Energía, Minas e Industria Paraestatal durante el reinado de Carlos Salinas de Gortari.
Entonces cuando Emilio II (apá) le dijo a Emilio III “¿a dónde quiere estudiar m’ijo?”, este le dijo “pos en Harvard apá” y se aventó una maestría en Administración Pública y Desarrollo Internacional, no sin dendentes ser economista en la ITAM y estudiar derecho en la UNAM. Pero nunca jue derecho.
Su apá ya conocía a Salinas, como también de Manuel Camacho, Alberto Anaya y al finado Pepe Paco Ruiz Massieu.
Para no hacernos bolas entre tanto Emilio, llamaremos al interfecto como Emilio III.
No entiendo por qué el afán de ponerle a los hijos con los nombres de sus padres y luego a los nietos, como que es un desgarriate, parecen los Buendía, de Cien Años de Soledad, de García Márquez, donde todos se llamaban igual.
En estos de los Buendía hubo uno que nació con cola, pos aquí también nuestro Emilio III tiene una que le pisen, porque ahora anda tomando sales para el susto sobre todo cuando lo detuvieron en Málaga, España, ahí en la Costa del Sol, probando unas tapas, según él que no debía nada, pero estaba en un refugio de multimillonarios. Quesque lo obligaron, ajá.
Gracias a la policía gachpina jue que lo pescaron y él dijo que se llamaba Jonathan.
Por cierto que la Rosa María me hizo al mediodía un arroz con mariscos, que me sentía que estaba en la Madre Patria. Ella le pone brócoli, pollo y camarones. Ahh y un poco de Knorr Suiza.
Volviendo con el preso número 9, como ya saben fue el cerebro tras los sobornos que la constructora Odebrecht realizó durante su periodo cuando jue director de Pemex.
Déjenme les cuento que cuando era huerquillo, empezaba a destacar: del 2003 al 2006 Emilio III laboraba como oficial de Inversiones en la Corporación Interamericana de Inversiones, perteneciente al Banco Interamericano de Desarrollo, en la reestructuración de créditos e inversiones en diversas industrias y países de América Latina.
También “picó piedra” en el Banco de México en el área de inversión de reservas internacionales y cambios.
Emilio III tenía buen desarrollo como líder, ya en el 2009 la revista Expansión lo ubicaba como uno 30 mexicanos más influyentes, un año después se ganó el Premio al Liderazgo como Embajador Hemisférico, por la Fundación del Consejo Americano de Negocios.
O sea, era un chavo con “muncho” futuro y no tras las rejas, porque en el 2011, la revista Poder lo puso en la lista de los 40 hispanos de mayor impacto en Estados Unidos, menores a los 40 años.
Luego lueguito, el señor de los “memes”, el presi Peña Nieto, el mesmo que dijo que su refresco era el “Peña fiel”, o que no sabía contar con “estamos a un minuto de aterrizar, no a cinco”, puso a Lozoya III en su equipo de campaña en el 2012, y luego lo premió como encargado de los asuntos internacionales.
Del 4 de diciembre de 2012 al 8 de febrero de 2016 estuvo Lozoya III como mago, transando en Pemex, y nunca de los nuncas se mencionó el desgarriate del huachicol, eso era harina de otro costal y donde la raza estaba hasta las manitas de lodo acabándose a la gallina de los huevos de oro.
Ora que nuestro presi “El Peje”, había prometido en campaña que no cedería ante los actos de corrupción de expresidentes, lo tiene de protegido porque dará a conocer la lista de legisladores que aceptaron sobornos para aprobar la Reforma Energética durante el gobierno de Peña Nieto en el 2013, que prometió en su momento bajar los recibos de luz y gas, como sabemos dejó que particulares y extranjeros entraran al negocio de las concesiones de los hidrocarburos. Y ahí hubo chorros de “moches” que nunca nos enteramos.
La empresa carioca de construcción Odebrecht estuvo vinculada a pagos por valor de 10.5 melones de dólares para ganar contratos de obras públicas mexicanas.
Además participó en la reconfiguración de las refinerías de Minatitlán, Tula y Salamanca con adjudicación directa, quiero pensar que Lozoya III no actuó solito.
Falta ver su participación en el caso de Agro Nitrogenados, una subsidiaria veracruzana de Altos Hornos de México (AHMSA), donde también está embarrado el empresario Alonso Ancira.
Se supo por ahí que la planta de fertilizantes tenía un equipo obsoleto, con 30 años de antigüedad y 18 años fuera de operación. ¿Por qué comprarlo sino para transar bien y bonito? Los costos eran mayores a los 443 millones de dolarucos.
Pero a quién castigarán de todo esto, ¿lo sabremos? Porque si AMLO soltó al hijo de “El Chapo” el 17 de octubre del año pasado, también soltará a Emilio III porque le duele su pancita por tanto estrés.
Nos dicen las news que ya le colocaron un grillete electrónico en su pata, que no puede huir del país porque es “testigo protegido”, pero eso nunca sabemos en qué nos beneficiara, si no vemos a los aludidos tras las rejas.
Y yo empienso, por qué si eres un chavo líder, con estudios de economía en Harvard, lo que terminas haciendo es transar. Pero si culpamos a Lozoya III, habría que analizar si nuestra forma de ser así, está en nuestro ADN.
Porque en México lo ves a diario desde el tránsito que multa sin razón a los automovilistas, pero estos andan en la border con placas chuecas.
Los chavos por la pandemia toman clases on line y sus tareas las hacen con puro “copy paste”, entonces cuando llegas a los puestos importantes, ¿se tocarán el corazón para seguir así?
En el país es popular el dicho “el que no transa no avanza”, lo vemos con los gaseros que no ponen en los tanques el contenido total que paga el consumidor, los taxistas son los más careros de la border, aunque son piratas, pero eso sí te quieren cobrar una lana en cada vuelta que das.
En medio de esta pandemia, cuando culpamos a Lozoya III, habría que pensar, ¿qué estás haciendo tú para no repetir esta triste historia?
Porque si le echas ganas y llegas a puestos altos como este cuate, no te olvides que así como subes, puedes bajar.
Y claro… no todos transamos, habemos gente decente. No todos somos Lozoya.


