Estamos a menos de un año de que la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos cumpla sus primeros 100 años.
Y aunque muchos se siguen “enrollando en la bandera y saltando desde el Alcázar del Castillo de Chapultepec, lo cierto es que nuestra Carta Magna tiene más abolladuras y parches que cualquier unidad de transporte urbano o taxi que circula por nuestras avenidas.
Gran dilema; ¿Una Nueva Constitución en su Centenario, o simple y sencillamente respetar lo poco que queda vigente y que aún enarbola las tésis sociales de la Revolución Mexicana?
Y aunque no es ni la más antigua ni la más libertaria, ya que la Constitución de los Estados Unidos es considerada la más longeva, vigente desde el 7 de septiembre de 1787 y promulgada en Filadelfia un día después, la Mexicana se ha distinguido por su contenido social y justicia fraterna.
Al menos en el papel.
Antes de la actual, existieron otras como la del inicio del dominio español, con la Constitución de Cádiz, en 1812, mediante la cual se formaba una llamada “Monarquía limitada” en la Nueva España, para luego evolucionar hacia la Constitución de Apatzingán, impulsada por los Insurgentes en la que el respeto a la Soberanía Popular fue la clave.
Pero fue hasta la Constitución Federal de 1824 en la que inició la separación de Poderes, al formarse la Cámara de Diputados, Senadores y la Suprema Corte de Justicia y se daba autonomía a las entonces llamadas provincias.
La Carta Magna actual, de 1917, que rige la vida política, jurídica y social de México, ha registrado 642 Reformas Constitucionales, en sus 136 Artículos, 19 Transitorios, y 9 Títulos.
Lo que más llama la atención ha sido el “acelere” Reformador de los últimos Mandatarios en turno, ya que solamente en los últimos seis sexenios se han ajustado 429 Artículos, haciendo énfasis en el 27, y 123. Ambos conocidos por que guardaban “celosamente” las garantías individuales en temas como la Tenencia de la Tierra y Trabajo.
Vaya, hasta antes de estas Reformas, las tierras ejidales y las políticas laborales y el Salario Mínimo, eran temas intocables para los gobernantes.
Ahora deambulan por todo México, negocios que realizan labores de “coyotaje” laboral cuyo negocio es contratar mexicanos que trabajen más, con menos salarios y tristemente sin beneficios sociales como Seguro Social e Infonavit, como lo garantizó muchos años la Constitución Mexicana.
El colmo es que hasta muchos Gobiernos se han convertido en patrones explotadores de sus propios empleados, amparados bajo las Reformas Laborales.
No se necesita ser un genio para entender que cuando el PRI dió un giro ideológico hacia el Neoliberalismo Económico, lo demás vino por añadidura.
Miguel de la Madrid, 66 ajustes; Carlos Salinas, 55; Ernesto Zedillo, 77; el “Campeón” Felipe Calderón, 110 y hasta el momento Enrique Peña Nieto con 90; conocidas como las “Reformas Estructurales” actuales.
Resulta interesante como en los últimos 33 años hubo casi el doble, 429 Reformas, que las 213 realizadas por los Presidentes que gobernaron México en un período de 62 años, al terminar la Revolución Mexicana.
¿Adecuarse a los nuevos Intereses Económicos y Políticos Mundiales, o simplemente echar tierra a las raíces que forjaron el México Post Revolucionario? Cada quien podrá tener su propio punto de vista.
¿El menos Reformador?, Adolfo Ruiz Cortines con dos, ¿El más Reformador hasta el momento?, Felipe Calderón con 110.
Conviene analizar a la par de la “Reformitis” Constitucional, los beneficios o perjuicios sociales y económicos que conllevan, y muchas voces gritan a quien quiera escucharlas que el concepto “Crisis Económica” está con nosotros justamente cuando esta “moda” inició.
Otros más aseguran que nunca antes había existido tanta bonanza económica en el País; lo cierto es que cada día vemos tiendas de abarrotes en las esquinas de las colonias, que han desaparecido para dar paso a las llamadas “tiendas de conveniencia”, así como también están en vías de extinción las populares “fondas” que han dado paso a cadenas restauranteras multinacionales.
Igual lo vemos con el cierre de las boticas de barrio, que ahora son suplantadas por farmacéuticas extranjeras.
¿Globalización significa extinción?
Me pronuncio por un punto medio… como los países serios.


