Para que una familia funcione como tal se requiere que cada uno de sus miembros cumpla con el rol que le corresponde, de tal forma que la relación sea armoniosa y se fortalezca el desarrollo de la misma.
Cuando en una familia el padre, a quien normalmente le corresponde el papel de protector, deja de cumplir este rol y en lugar de enfrentar situaciones valientemente, se escuda en la indecisión y el temor, el resto de los integrantes del grupo lo resienten.
El padre tiene muy definidas su acciones y entre sus deberes está velar por la protección familiar.
Permítame estimado lector y lectora compartirles una experiencia personal.
Alguna vez tuve la oportunidad de presenciar un hecho ocurrido en mi adolescencia cuando un hombre se acercó de manera amenazante en un parque donde estábamos algunos de mis hermanos con mi papá.
El hombre en evidente estado de embriaguez intentó sacar un arma punzocortante.
Más que el posible ataque, lo que me sorprendió fue la rapidez con que mi papá intuyó lo que iba a suceder y sin atemorizarse, ni pensarlo mucho actuó y desarmó al desconocido.
El incidente no pasó a mayores, mi papá no le prestó mayor atención, pero en mí quedó el recuerdo de una acción que validó una vez mas que para él su familia era muy importante y por eso la cuidaba.
Se preguntara estimado lector y lectora ¿a qué viene esto?
A que la familia es la célula primaria de una nación, en ese microcosmos se refleja todo lo que sucede en la sociedad entera.
En la familia nos enseñan que para cada problema hay una solución.
Que por más grande que sea éste, siempre habrá alguna manera de resolverlo.
Y que la diferencia entre unas familias y otras es que las que tienen problemas y los reconocen, buscan también la forma de solucionarlos.
Todo el mundo tiene problemas, lo que diferencia a unos de otros es la actitud con que se enfrentan y se resuelven.
La actitud del padre tiene mucho qué ver en la forma como se solucionan los problemas, no se puede andar por la vida con miedo.
Y si tenemos un padre, un dirigente en el caso de un estado, de un país, que sean valientes, ese sentimiento se infunde al resto de los ciudadanos.
En cambio si se agacha la cabeza y se convierten en los principales promotores del miedo, ¿pues a dónde va esa familia, ese estado, ese país?
Obviamente al desánimo y al desgobierno.
INAUGURACIÓN
Homero de la Garza, director del Instituto Tamaulipeco de Vivienda y Urbanismo, ITAVU, confirmó que el 12 de septiembre es la inauguración de la escultura de Sebastián en el parque Bicentenario, por lo que se presume que la idea de dar el Grito en ese lugar no tiene cabida, y que el festejo se hará frente a Palacio de Gobierno, como siempre.
Por su parte Libertad García Cabriales, titular del Comité de los Festejos del Bicentenario, hizo honor a su nombre el decir que la gente es libre de pensar lo que quieran respecto a las actividades que se están llevando a cabo con motivo de las fiestas patrias.
Y admite que la situación aunque atípica, no debe influir para que la población no festeje, sobre todo porque se trata de una fecha que no se repetirá sino hasta dentro de cien años.
MOJADITOS
“¡Que se baje, que se baje!”, grito de los colonos de Tlacotalpan, Veracruz pidiendo a Felipe Calderón que recorriera a pie las calles inundadas.
A Calderón no le quedó más remedio que bajarse de la camioneta junto con Fidel Herrera, gobernador veracruzano y algunos secretarios como Juan Molinar Horcasitas de Comunicaciones y Transportes, mojándose la ropa hasta cintura.
Pues nada más, “para sientan lo que es amar a Dios en tierra de indios”, reza un dicho, en otras palabras, para que experimenten en carne propia, aunque sea por un momento, lo que la gente padece al inundárseles sus viviendas.
LA FRASE
“Es necesario afinar y perfeccionar la estrategia contra la delincuencia, para asegurar la tranquilidad y la armonía de las familias, porque el crimen organizado representa la más seria amenaza contra nuestras libertades y derechos”, palabras de Eugenio alertando a los ciudadanos para que se cuiden.
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