Desde hace alrededor de 20 años, cuando surgió el “boom” de los primeros “programas” de “espectáculos”, y los entrecomillo porque no eran ni una cosa ni la otra, empezamos a ver que la información del entretenimiento comenzó a declinar y a convertirse en la más pura esencia del amarillismo, el chisme, el desprestigio y el cotorreo chafa.
“En medio del espectáculo”, de Azteca, que en sus inicios sí era un buen show de televisión, comenzó con la tendencia. Pero al ver que surgió la competencia en Televisa con “Trapitos al sol”, donde eran más chismosos que informativos, el otro tuvo que cambiar de giro y darle por la misma línea.
Si usted recuerda, el “mero mole” de esas producciones era hablar mal de los artistas, sacar imágenes de los famosos hasta cuando iban al baño, pescarlos “in fraganti” en alguna “movida” y cosas por el estilo. De hecho, no recuerdo haber visto ninguna información en la que se hablara de la trayectoria de algún famoso, en la que se ensalzara su talento y sus logros artísticos.
Pero ¡No! Todo era “acostones”, amasiatos, revelaciones sexuales y cosas por el estilo. Pero no se crea que los aristas le hacían el feo a ese tipo de “información”. El chiste era estar vigente en pantalla a costa de lo que fuera.
Pues bueno, a esa generación de “comunicadores” pertenecen dos que en los últimos días han estado en boca de todo mundo, y no precisamente por sus logros en los medios, sino por un chisme bastante bajo, grosero y hasta repugnante.
Juan José Origel fue grabado durante un homenaje a Silvia Pinal en Acapulco hablando pestes de su ex compañera de “La Oreja”, Flor Rubio.
Palabras más, palabras menos Pepillo el dijo al que quiso escucharlo que Florecita era una “facilona” y una “trepadora”.
Según él “se metió con uno, con otro y con otro” para llegar hasta donde está. Y para rematar, la calificó de falsa e hipócrita (hasta imitó su vocecita).
Pepillo estaba rodeado de varias personas y el video que circuló intensamente por las redes sociales, a todas luces, fue grabado con la finalidad de perjudicar al conductor.
Obviamente, una revista divulgó la información, subió el video a youtube y lo demás es historia. Las cosas llegaron a los oídos de Flor Rubio, quien dio cachetada con guante blanco a todo mundo al decir simplemente que ella quiso mucho a Pepillo, pero que en ese instante dejaba de sentir cariño por él.
Si Flor lo hizo o no lo hizo ese es asunto suyo y Pepillo, engañado o no, se vio mal abriendo la boca de más porque finalmente traicionó a una colega, habló muy mal de una mujer, que además es madre y porque seguramente él también tiene cola que le pisen, como todos la tenemos en este mundo.
Sin embargo, a estas alturas, cuando un cantante de norteño banda (léase Julión Álvarez) dice que “mujer que no sabe trapear, ni sirve” y Florinda Meza saca a relucir que Ramón Valdés, a quien ella “quiso mucho” porque era un “gran compañero”, décadas atrás tenía un grave problema con las drogas.
O que una ex servidora pública, tan sólo por enseñar los pechos en una fotografía, ahora sea la figura que todo mundo quiere entrevistar y se prepara para realizar una ambiciosa “gira” de presentaciones por México… o que una chica bien se haya convertido en #Lady100pesos, creo que el hecho de que Flor haya utilizado el llamado “catre power” para ascender, no es tan trascendente.
Lo crucial es que estamos volviendo al periodismo sucio, en el que ya no importa quién eres sino lo que haces, en el que las verdaderas figuras, las que tiene una carrera, las que se han partido el alma en los escenarios o en los estudios de grabación, son eclipsadas por un comentario o una imagen viral en las redes sociales.
¿Será que, como dice Susana Zabaleta, “el pasado nos vuelve a pasar”?


