Va de cuento:
Tenía apenas meses como reportero en El Norte, pero me entrenaban ya como editor de páginas deportivas.
Hacer cuatro páginas de los periódicos de antes que eran tamaño grande de verdad, implicaba elegir material de servicios de agencias como EFE, AP, UPI y France Press, Notimex, Universal, Excélsior, antes de que estos dos últimos se volvieran periódicos oficiales.
Por alguna causa me eligieron para encargame de hacer cuatro páginas diarias durante meses, previos a la Copa del Mundo de 1986…
Elegir textos y fotos, jerarquizar, esquemar, revisar, corregir, pulir y darle estilo a un texto no es un asunto de otro planeta, pero sí uno que requiere concentración. Por suerte todo estaba relacionado con la historia de las Copas del Mundo, artículos de columnistas y notas del día procedentes de los cinco continentes. Bueno, de Oceanía casi no llegaba nada.
Digamos que la carrera de reportero y editor las ejercí en forma simultánea.
Elegir ángulo, enfoques de notas y cabezas que “cuadraran” en un determinado número de columnas, que llevaran un verbo activo, englobaran la idea de la nota y llamaran la atención del lector, no eran gorditas de harina… si tenías que repetirlo por ocho notas de cada página, por cuatro… todos los días, de cuatro meses previos a un Mundial…
De pronto, tenía que editar alguna nota o columna de la misma sección, pero de otros deportes.
Así me topé con un colaborador que escribía de ciclismo, mi querido Varo. Evaristo Martínez. Un viejón todo sonrisa, un tipazo. Sabía de bicicletas, pero de gramática no tanto.
Un día, le digo:
– Oye, mi Varo, los puntos y comas tú los pones a’i donde caigan, se las pones como con salero o cómo le haces?
– Campeón, échame la mano!!!… tú eres el que sabes de eso. Mira, pa’ que no batalles, vamos a hacer esto. Ahí al final, te pongo un chingo de puntos y comas y a’i tú me las acomodas donde vayan.
– Jajajajajaja..!
……………….

