Este 10 de octubre fue el día Mundial de la salud mental; eso de lo que se habla mucho, pero en realidad se sabe muy poco. Por definición, “la mente es el conjunto de capacidades cognitivas, emocionales y volitivas (voluntad), que permiten a una persona procesar información, pensar, sentir, recordar, imaginar y ser consciente de sí misma y del entorno.” Pero al final, es un misterio. Se asocia con el cerebro, pero no es el cerebro.
Hay quienes comparan esto con los conceptos informáticos y dicen que “el cerebro es como el hardware y la mente como el software” –el resultado de los procesos que ocurre dentro del órgano. La mente barca la percepción (decodificar señales de los sentidos), el pensamiento (analizar y razonar), la memoria (almacenar experiencias), las emociones y la conciencia.
Así como el aparato digestivo procesa, digiere y metaboliza los alimentos que ingerimos, la mente, procesa, digiere y metaboliza la información que le proporcionamos. Si la información que consumimos es de mala calidad, el resultado no será bueno y si el cerebro (como órgano procesador) está dañado o intoxicado, el resultado también será afectado.
El filósofo empirista John Locke, dijo en 1690, que “que los seres humanos nacen sin ideas innatas y que todo el conocimiento se adquiere a través de la experiencia” Esta es la teoría de la Tabula Rasa: Nacemos con la mente en blanco y a lo largo de la vida, vamos llenando la mente de datos que determinan nuestra forma de pensar, de sentir y de actuar, así como el significado que le damos a todo lo que nos rodea.

La mente forma patrones de comportamiento, ideas, creencias, conceptos, identifica diferencias y similitudes, reconoce y desconoce, nos ubica en tiempo y espacio. La mente percibe, recuerda, sueña, compara, inventa, desea, imagina, proyecta, goza, sufre y tiene capacidad de crear algo de la nada, en la mente radica la consciencia de lo que somos y de “quien” somos. Pero todo está relacionado a la información con la que la alimentamos.
Por eso, la salud mental depende –como todas las formas de salud- fundamentalmente de la higiene mental, que es conjunto de hábitos, prácticos y normas cotidianas que una persona realiza para mantener el equilibrio emocional, reducir el estrés, prevenir trastornos psicológicos y cuidar su bienestar general. Así como cuidamos la higiene del cuerpo, la mente necesita “limpiarse” de tensiones acumuladas y pensamientos disruptivos.
A veces es imposible evitar que nos salpique la mierda, que nos ensucie la basura que abunda por todas partes, que nos contamine el entorno, que nos envuelva el engaño y la perversidad que nos rodea, que nos seduzcan las tentaciones o nos traicione la debilidad. Por eso hay que limpiar el “software” con frecuencia.
En un mundo que se asemeja a un bufet que ofrece lo mismo manjares y porquerías, ahora más que nunca, debemos ser altamente selectivos, debemos elegir y consumir solo aquello que mentalmente nos nutra, que nos permita claridad y no turbiedad, que nos sane y no que nos enferme, que nos purifique y no que nos corrompa, que nos de paz y no perturbación. Porque una mente limpia y bien ordenada es una mente sana.
Para conocer más sobre directrices y recomendaciones globales, puedes consultar el Portal Oficial de la Organización Mundial de la Salud.
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