Tenía pendiente mi ensayo final del diplomado de empoderamiento e igualdad de la mujer, el cual quería que fuera enfocado en ayudar a las futuras generaciones.
Hasta esta semana me topé con el tema de la menstruación o sangrado libre, en uno de esos vídeos que circulan en las redes sociales y gracias a eso surgió esta columna que es parte de mi ensayo.
La menstruación todavía a algunas personas les suena escabrosa, lo cual no debería ser, ya que es un proceso femenino natural del que provenimos todos.
La educación es un medio para salir de la pobreza, el cual se ve afectado directamente por la menstruación en las niñas.
La pobreza es un concepto de cual existen muchas definiciones como no poder ir de vacaciones, no poder comprar un carro nuevo; pero quizá la más acertada sea no tener cubiertas las necesidades básicas como refugio, comida y ropa.
Así mismo, la pobreza es una condición crónica, debilitante, que resulta de factores de riesgo adversos que afectan la mente, el cuerpo y el alma.
En las familias, las mujeres y las niñas son quienes más sufren, ya que en sociedades patriarcales, se hacen cargo de que haya alimentos en la mesa; además de ser quienes solucionan los problemas de pobreza.
En las escuelas el género femenino se ve afectado al no contar con material de educación, de lectura y toallas femeninas. Sí, la falta de toallas femeninas contribuye a que las mujeres falten, se retrasen y no puedan matricularse en las universidades, por los accidentes diarios en su menstruación que son tabúes en la sociedad.
Como dice el dicho: “pinta tu aldea y pintarás el mundo”, porque mientras avanzaba en el curso, me sentía más identificada y al llegar a este tema sobre la educación de las niñas y su relación con la pobreza, les di toda la razón, ya que fui una de esas adolescentes que no tenía para estos insumos, debido a la economía de mi familia, al ser hija de una madre soltera, no le quería dar más problemas, quedando esa necesidad sin ser cubierta y por lo cual me sucedieron todo tipo de incidentes.
Hace meses me sorprendí de la conciencia social entre el alumnado femenino de la Facultad de Artes Visuales, ya que en sus sanitarios había una caja con tampones, toallas sanitarias y pantiportectores, que estaban a disposición de las alumnas y eran ellas mismas quienes promovían esa medida para ayudarse entre sí; además invitaba a que aportaras a la causa.
Si en Reino Unido, que es de primer mundo, 1 de cada 10 mujeres no tienen para comprar estos productos utilizados para absorber la sangre durante nuestro periodo menstrual, no es difícil imaginar lo que sucede en México.


