Seguimos con los poli-ridículos

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Parece ser que la sociedad mexicana está compuesta por personas que no razonan su voto ya que desde hace casi una década, han sobresalido políticos que no toman con respeto una posición política y mucho menos con la responsabilidad que merece el ocupar la representación del electorado.
Desde el año de 1998, cuando adelantó su campaña presidencial, Vicente Fox llamo la atención de la ciudadanía con sus famosos dichos de: las “víboras prietas, tepocatas y cucarachas blancas”; al parecer hubo quienes se identificaron con el personaje, quien lo que hacía era llamar la atención con su conducta de niño malcriado, que renegaba del gobierno y de sus gobernantes en lugar de formular propuestas.
Esto le funcionó al entonces candidato quien con ese tipo de comportamiento -para unos abierto y para otros irresponsable-, llegó a ser Presidente de la Republica.
Pasó el tiempo y hubieron algunos personajes que vieron que haciendo el ridículo se podía llegar más al electorado; fue entonces cuando surgió Félix Salgado Macedonio quien si usted se acuerda, era un diputado federal que paseaba en motocicleta y en una ocasión fue detenido por la policía por estar borracho haciendo sus necesidades en la vía pública.
Con ese escándalo Salgado Macedonio llegó a ser alcalde de Acapulco, pues a la gente no le importó si este personaje les iba a resolver sus problemas, sólo les interesaba que el político “era raza” como ellos.
A otro que también le funciono el ridículo fue al ex diputado federal Francisco Solís Peón, mejor conocido como “pancho cachondo”, quien sólo se le recuerda por su constantes visitas a los “tabledance” y haber posado desnudo para unas revistas. En este caso la estrategia no funcionó pues no tuvo la misma suerte que Salgado Macedonio.
Ahora el político del momento es nada menos que Rafael Acosta, que portando una banda en el pelo al estilo Julio Cesar Chávez, se hace llamar “Juanito” para llamar la atención de su comunidad.
Ahora todo México ya sabe quién es “Juanito” y eso que solo corrió por la delegación Iztapalapa, imagínese si hubiera querido ser Presidente de la Republica; tal vez si se postulara para el próximo sexenio -a cómo vamos-, tal vez ganaría, pues los que hacen el ridículo son los que más votos obtienen.
Ojalá que no caigamos mas en el juego de este tipo de personajes, que nada bueno le han dejado a una sociedad cada vez más necesitada de funcionarios comprometidos con los mexicanos.

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