Soltar la cuerda

Últimas Noticias

Los vínculos son como una cuerda en la que cada cual sostiene un lado. La dinámica vinculatoria es siempre bilateral y recíproca. Si un lado suelta, el vínculo se rompe aunque el otro lado se aferre. Ya no hay conexión. “Soltar la cuerda”, en su significado metafórico es “dejar de aferrarse a algo o alguien, abandonando la necesidad de control, el apego emocional, el resentimiento o una lucha inútil. Implica liberar la tensión para sanar y avanzar, aceptando que soltar no es rendirse, sino liberarse para vivir con mayor ligereza emocional”.

Eso de “dar sin esperar nada a cambio o amar sin esperar nada”, resulta más fácil decirlo que vivirlo. Generalmente, todos esperamos algo de reciprocidad, porque así es como funcionan los vínculos: porque si del otro lado no hay nada, no hay vínculo. Sin embargo, la diferencia entre un vínculo y un apego, consiste en la unilateralidad. El apego, el aferrarse, es siempre de un solo lado, es unilateral, del otro lado solo hay indiferencia. El apego sucede cuando, se comienza a implorar, a rogar, a suplicar, a insistir en conservar algo que ya no tiene el complemento necesario para ser o seguir siendo vínculo.

Si ya no hay comunicación, si no hay visitas, si se suspende el contacto, si cuando te llegan a responder, responden con frialdad o indiferencia, si no hay interés, ni complacencia en el convivio, si te hacen sentir (y saber) que no te necesitan, que no eres parte de la ecuación de sus vidas, ya hayan sido en algún momento un vínculo de pareja, hijos, nietos, hermanos o amigos, significa simplemente que ellos ya han soltado la cuerda. Los vínculos no son ciclos que deben “cerrarse” con algún ritual particular o una declaración de finiquito. El único cierre es la disolución de la conexión cuando esta deja de ser bilateral por la razón o sin razón que sea y muchas veces, sin aviso.

Puede ser muy triste, pero es real. Todos esperamos reciprocidad, validación, cierto reconocimiento al menos de nuestra existencia, aprecio del rol que creíamos tener en una relación. No hablo de “gratitud”, sino de reciprocidad, de equilibrio y complemento. Cuando la otra parte suelta la cuerda, lo mejor es dejar ir, aunque duela mucho, porque más duele aferrarse a lo que ya no es. No busques que te digan, con todas sus letras: “Ya no quiero una relación contigo, ya no me importa, ni me interesa, ni la quiero, ni la deseo, ni me hace falta”. Te lo están diciendo con hechos, o mejor dicho con “no-hechos”, con indiferencia, con ausencia, con silencio, no hay “adiós”… ese es el “cierre”: la disolución.

Todos hemos soltado la cuerda alguna vez y todos nos hemos quedado sosteniendo un solo lado también cuando los otros sueltan. Casi siempre, cuando algo así sucede, el que suelta primero se libera y el que se aferra sufre…. y los “por qué” ya no importan. En las relaciones humanas, las cuerdas que forman los vínculos, no amarran, no ahorcan, no son lazos que atrapan, solo conectan. Y si no hay interconexión (mutua conexión), no hay relación; por más que un solo lado esté dispuesto a sostenerla.

Si alguien significativo en tu vida ha soltado ya su lado de la cuerda que formaba el vínculo contigo y tú, te has quedado sosteniendo solo tu lado, solo recoge la cuerda, enrollala y guardala entre tus recuerdos… porque nunca olvidamos lo que ha sido importante, pero podemos aprender a recordar sin dolor.

- Anuncio -

Columnas

- Anuncio -