Hoy que es el Día de San Francisco de Asís, es un buen momento para hablar (en serio) sobre la “pobreza franciscana”. No tanto como lo propone AMLO, que se refiere a una austeridad extrema un tanto forzada más por las circunstancias que por la convicción o por elección, sino más bien porque no hay opción.
La pobreza franciscana es, por su parte, una elección personal y espiritual, se trata de dejar de rendirle culto a las cosas y a las posesiones materiales para poder dedicarse en cuerpo y alma a los bienes espirituales y esenciales: el amor, la paz, la fe, la esperanza, la caridad, la libertad, viviendo en el aquí y el ahora con lo que se tiene y donde se está…Sin ambiciones, ni pretensiones.
Realmente, en estos tiempos de cambios poco favorables en cuanto a la economía, no es mala idea intentar volver a lo básico, diferenciando las necesidades reales de las creadas por la moda, el estatus, el poder, las apariencias y la presión social.
¿De cuántas cosas podríamos prescindir y cuántas nos son realmente indispensables para vivir?
Víctimas del materialismo rampante, nos hemos vuelto consumidores compulsivos, acumuladores patológicos, especuladores sin escrúpulos y adoradores de las cosas, en ocasiones hasta un grado indigno o hasta la autodestrucción de la salud física, mental y espiritual. La “burbuja” está a punto de reventar. No podemos seguir danzando al rededor del vellocino de oro; poseídos por nuestras posesiones.
Hay que saber distinguir la humildad de la pobreza y a la pobreza de la miseria…La diferencia está en la dignidad con la que se vive. No necesitamos tanto realmente. Además, de aquí, nada nos vamos a llevar. Vivir con menos, es vivir más, es recuperar nuestro espíritu ligero, es ocuparnos más y preocuparnos menos, es liberarnos del yugo de las deudas, es abrir los ojos y el corazón a lo verdaderamente significativo.
San Francisco de Asís, (Cuyo nombre real era Giovanni di Pietro Bernardone) no nació pobre, pero eligió la humildad para así poder volverse humanamente y espiritualmente rico; porque sabía que el espíritu es lo único (que en su fe) trasciende a la muerte.
Hoy en día, con la inflación, el desempleo, la pérdida del poder adquisitivo del salario, la recesión y la violencia generada por los intereses económicos, hemos perdido de vista lo importante: No nos hemos vuelto humildes…nos hemos vuelto miserables, es decir: desgraciados e infelices. (no es extraño así que, hayan aumentado exponencialmente los índices de corrupción, estrés, angustia, violencia, depresión, ansiedad, suicidio, etc.)…Eso sí que es miseria.
No busquemos la pobreza como despojo y mucho menos la miseria como castigo…busquemos la humildad franciscana: la capacidad de vivir con menos, sin atragantarnos, sin atiborrarnos, sin voracidad, sin envidia, sin vanidad, sin soberbia. La pobreza con dignidad es humildad, es vivir bonito con poquito.
“Mantén una visión clara hacia el final de la vida. No olvides tu propósito y tu destino como la criatura de Dios. Lo que eres a su vista es lo que eres y nada más. Recuerda que cuando dejas esta tierra, no puedes tomar nada de lo que has recibido… sino solo lo que has dado; un corazón lleno, enriquecido por el servicio honesto, el amor, el sacrificio y el coraje.”
– Francisco de Asís

