Yo no lo conocí

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No había escrito nada sobre Mauricio porque, la verdad, a pesar de saber –como todos sabíamos- quién era él, yo no lo conocí. Pero lo observaba de lejos. Yo no pertenecía a ninguno de los círculos en los que él se movía: ni en lo político, ni en lo social y mucho menos en lo económico. De hecho, ni siquiera tuve oportunidad de entrevistarlo o de platicar con él alguna vez. No sé por qué pero, nunca se dio la oportunidad. Él siempre fue accesible y atento con los periodistas, y creo que no se hubiera negado a concederme una entrevista y, sin embargo, aunque lo pedí varias veces mediante cercanos colaboradores, las agendas nunca coincidieron. Pero yo, lo observaba de lejos.

A Mauricio lo observé muchas veces cuando, durante el tiempo que ejercí el periodismo, me tocaba cubrir alguna nota en la que él aparecía o hacía alguna declaración. Y luego ya en este último periodo en el que asumió la alcaldía de San Pedro, lo observaba también en sus publicaciones en redes sociales y lo veía con admiración. Pero, no tanto por su carácter de político, o de empresario, o de filántropo-mecenas, sino como persona…como humano. Alguien que no pretendía ser un santo redomado, ni un ejemplo de prudencia, ni un dechado de virtudes, ni un presumido de benevolencia…él era lo que era y punto.

Cada vez que lo veía, -de lejos- era para mí como cuando uno va a la sección de libros de auto-ayuda en una librería. Así, cuando veía o escuchaba a Mauricio Fernandez, pasaban por mi mente los que pudieran haber sido excelentes títulos para libros de esos: “Cómo ser dueño de ti mismo”, Como ser auténtico sin pedir permiso a nadie”, “Como saber lo que es realmente importante y trascendente”, “Cuando ser verdaderamente rico es vivir con propósito” “”Lo mejor de vivir es servir” “La alegría de trabajar sin necesidad” (o “La alegría de trabajar por el puro gusto” )“Vive tu historia y harás historia” “La autenticidad es la base de la credibilidad”… o como dice aquella canción: “Yo soy quien soy y no me parezco a nadie”. Lo que sí sé a ciencia cierta y por las evidencias, es que Mauricio trabajaba mucho y muy duro…obviamente no por necesidad económica, ni por hambre de poder, sino por necesidad puramente existencial.

En fin. Sería falso de mi parte decir aquí que yo conocí a Mauricio, o que entablé algún tipo de amistad o cercanía. Yo no lo conocí. Solo lo intuía y trataba de entender esa personalidad tan singular y excepcional…tan sui géneris; con la cual, hasta el último momento, vivió enamorado de la vida, sin miedo de vivir ni de morir, triunfante y satisfecho, sin máscaras ni poses, en plenitud y en paz consigo mismo, sin resentimientos ni remordimientos, dueño absoluto de sus inicios, de su trayectoria y de su fin, agradecido…al menos así lo percibo.

Es curioso pero, aun sin haberle conocido y así, viéndolo de lejos, escuchándolo a distancia, me pareció comprender que, Mauricio fue una de esas personas poco comunes, un hombre del que tenemos mucho que aprender por su entendimiento del mundo, de la naturaleza humana, por su cosmovisión, por su amor a la existencia, por su capacidad de asombro, por su luz y su sombra, y por su filosofía de vida.

Creanme que, de haber conocido a Mauricio Fernandez, lo habría presumido porque habría sido un privilegio como lo ha sido para muchísimas personas. Seguramente, habría yo escrito párrafos enteros narrando con nostalgia momentos compartidos con un ser tan peculiar con alguna foto como prueba de la veracidad del recuerdo. Pero no tengo ninguna . Y, aunque siento el pesar de la ausencia que deja su partida, de alguna extraña manera sé que se ha ido como vivió: con plena y digna integridad humana. Pero yo…Yo no lo conocí.

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