Cd. Victoria, Tamps. / Julio 30.-
Sería un viernes como cualquier otro en Ciudad Victoria si no hubiera futbol. Correcaminos es local y un sueño vuelve a comenzar.
Fuera del estadio, gente apura su marcha y forma grandes filas de entrada. Las playeras naranjas van y vienen, mientras los vendedores de todo tipo de objetos anuncian sus productos. Gritos, porras, silbidos y un murmullo proveniente del estadio que manifiesta excitación.
La hora del inicio del partido se acerca y el inmueble sigue recibiendo gente. Dieciséis años atrás una plaza de Primera División, desde entonces, una búsqueda por regresar.
La capital de Tamaulipas, al igual que muchas ciudades alejadas del bullicio de grandes urbes, se enorgullece de lo suyo: lo enseña y lo presume. El Club de Futbol Correcaminos pertenece a esta ciudad, pertenece a su gente.
En su primer partido de la temporada el estadio Marte R. Gómez presenta una muy buena entrada. El rival, uno de los favoritos: León.
El partido inicia y contario al previo del enfrentamiento, la gente sentada y en silencio. Solo los cánticos de las pequeñas porras y gritos aislados de aficionados que combinan las mentadas de madre con direcciones técnicas desafinan con la pasividad de la gente. Nada que ver con lo que alguna vez fue llamada la mejor afición de México.
Todo tiene una explicación y el público es el último culpable. Resultados inconstantes, desfile de técnicos, contrataciones “bomba” que nunca explotan, jugadores sin compromiso y derrotas en momentos claves, se han combinado con algunas campañas interesantes que mantienen el interés de los fanáticos, pero aun sin conseguir el objetivo. Lo anterior ha traído desconfianza y escepticismo, 16 años no son en balde.
Por lo tanto, los peligrosos pero sorprendentes sobrecupos de antaño, son ahora estadios sin llenar. La presión constante sobre el rival solo se escucha por momentos, y lo que alguna vez fue uno de los estadios más alegres del futbol mexicano permanece callado, con una ilusión dañada por los fracasos a través de los años, pero al acecho, y siempre con esperanza
En esta temporada existe, al igual que las anteriores, el mismo objetivo.
Se tratan de olvidar los fracasos y se llega al estadio una vez más con la idea de que este año es el bueno, lamentablemente el convencimiento no está presente completamente. Pero el sueño de volver a Primera no se borra.
Partido aburrido, peleado y digno de la división de acenso. Al minuto 34 del primer tiempo, desborde naranja por la derecha que termina en centro que remata Juan Manuel Sara.
Gol: era lo que faltaba. Brazos al aire y gritos en general; sonrisas y felicidad en las caras de los aficionados. Despertar de un ambiente sereno que se ve interrumpido por el silbido de medio tiempo.
Podrán cambiar los tiempos, pero los gustos no. Casi como un ritual obligatorio, la afición se arremolina sobre vendedores de las deliciosas flautas y tradicionales tortas. Semillas, cacahuates y papas acompañadas de refresco y cerveza.
Hay que prepararse por un segundo tiempo que promete.
Seis minutos de iniciado el segundo tiempo, rebote que aprovecha Hugo Sánchez. Excitación general. Difícil de describir la alegría total del estadio. Marcador favorable por dos goles que dura poco. Minutos después, Felipe Ríos, jugador local, centra por la banda izquierda y Nicolás Saucedo la manda al fondo. Locura total.
Aquello del silencio y pasividad han pasado y hasta parecen lejanos. Por primera vez, la afición entra en el juego: gritos de olé y olé estremecen el campo; apoyo total a los locales y hostigamiento general a los rivales. Incluso la ola aparece. La mejor afición de México parece que revive con el 3 a 0 favorable.
El juego se hace parejo y León anota el primero. A 20 minutos del final una remontada no parece tener cabida. Pero el visitante aprieta y Correcaminos deja de tocar y de encontrar el juego que los puso adelante. Minuto 81 y cae el 3 a 2.
Nerviosismo y duda comienzan a adentrarse en la afición. León presiona más y cuando parece que se irán con la derrota, Eder Pacheco completa su hatrick y el público regresa a donde comenzó el juego: sin ilusión y con el recuerdo de fracasos anteriores. Pero ahora no es en silencio, los gritos van para el técnico y los silbidos para los jugadores.
Final 3-3 con el León recuperado.
Los abucheos dirigidos al plantel naranja y el enojo general se presentan. Es un empate que sabe como a mil derrotas.
El estadio comienza a quedarse vacío. Una de dos opciones presentes en cada aficionado: salir vociferando la decepción o hacerlo en silencio.
Callados, pensantes, tristes, pero siempre con una inagotable gota de esperanza.
Porque se espera que mientras Victoria vive, que Correcaminos luche.
Redactó Edwin Banda, LCC del Tec de Monterrey.-
Correcaminos: la esperanza continúa; 3-3 con León


