El modelo de competencia de un equipo inolvidable

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FOTO: AFA

Desde Nueva York
La llegada de la Selección Argentina a una nueva final del mundo, deja en claro la impronta competitiva del plantel liderado por Lionel Scaloni.

La diferencia que marcó en este certamen con el resto de los equipos está centralizada en la capacidad que tiene para afrontar sus compromisos, mientras otros solo pudieron participar.

El equipo arribó a las semifinales siendo el de juego menos atractivo de los cuatro, pero en el encuentro ante Inglaterra recuperó el protagonismo para revertir otra situación adversa, y posicionarse nuevamente en la cercanía de otro título. El caso más claro fue el de Francia, que antes de enfrentar a España parecía el gran candidato de la Copa, y ante el campeón de Europa no supo de qué manera afrontar el desafío.

MESSI 89

Inglaterra también cometió un error aún más grave, debido a que se adelantó en el resultado pero no tuvo lo necesario para saber sostenerlo. Los propios temores de los ingleses lo llevaron a terminar perdiendo.

Argentina es un modelo de competencia desde que se inició este proceso, a fines de 2018.

El nivel no es el ideal siempre, pero cuando ello ocurre ofrece la estirpe necesaria para no claudicar. El seleccionado, de esa manera, jugará el domingo la quinta final consecutiva: Copa América 2021, Finalissima 2022, Mundial 2022, Copa América 2024 y Mundial 2026. La que sigue pendiente -sería la sexta- es la Finalissima de este año, que por el conflicto bélico en oriente fue suspendida.

La Selección tiene el puntaje perfecto en este torneo, posee la mayor cantidad de goles a favor con 19, y mantiene la racha de triunfos en semifinales, ya que no perdió ninguna, incluido el grupo de 1978 como local.

Los festejos también fueron en instantes particulares, y 12 los convirtió durante los últimos 15 minutos de partido. Es decir, del minuto 75 en adelante, con la inclusión de los suplementarios. El punto radica en que el equipo imprime otro ritmo en los finales, y en esa porción del juego logra sacar la diferencia.

La racha incluye momentos agónicos y remontadas, como los goles de Enzo Fernández (minuto 85) y Lautaro Martínez (en tiempo de descuento) contra Inglaterra para llegar a la final. La fase de grupos ofreció uno de Messi contra Argelia en el 76 y Austria en el 95. La segunda ronda logró revertir también resultados en la parte final, como contra Egipto.

El seleccionado demuestra que también es capaz de resurgir en esos tramos de los partidos, y nada menos que en un certamen de esta magnitud. El rendimiento fue de mayor a menor después de los tres primeros partidos en los que no dejó dudas, pero a partir del cuarto comenzaron los interrogantes.

Cabo Verde exigió al campeón en los 16avos. de final, y Argentina se impuso finalmente 3-2 en 120 minutos. El encuentro comenzó a mostrar la imagen más borrosa del equipo. Los octavos de final fueron ante otro conjunto africano, y el plantel nacional estuvo muy cerca de ser eliminado. La victoria fue por el mismo resultado, con los goles en los minutos 79, 83 y 93. El equipo necesitó otro tiempo extra ante Suiza y se impuso 3-1.

Los tres enfrentamientos iniciales de esa segunda parte del Mundial evidenciaron una merma en el nivel futbolístico y físico. Sin embargo, Argentina pudo exponer otras condiciones para seguir avanzando, lo que dio muestras del plus adicional que tienen impregnados estos jugadores.

La Selección resurge en la adversidad mientras sus oponentes no cuentan con esos factores extras cuando el juego no aparece. El partido de la semifinal ante los ingleses fue lo mejor que ofreció el equipo, y ante el rival de mayor envergadura pudo demostrar los argumentos que la hacen diferente de los demás conjuntos.

La final ante España será la tercera de los últimos cuatro mundiales: la de 2014 el entrenador era Alejandro Sabella. El Mundial de 2018 marcó el fin de una era y el inicio de este período de gracia, bajo el mando de un director técnico sin experiencia en ese momento, y con las dudas que provocaba sobre su capacidad.

El trabajo que realizó Scaloni fue brillante, principalmente por imponer esa faceta que había perdido el seleccionado argentino: tener poder de competición más allá del juego colectivo. El presente que atraviesa este conjunto no sólo confirmó la labor estratégica del entrenador, sino que le aplicó un ingrediente que puede ser fundamental para las próximas generaciones.

Lo que deja un huella cuando Scaloni ya no esté en funciones, y más allá de lo que ocurra el domingo en esta ciudad frente a los españoles.

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