Querétaro gana con autoridad a Pumas 4-0

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Querétaro / Septiembre 11.-
Miradas absortas, desconcierto colectivo. Algunos jugadores de los Pumas se enfilaron incrédulos al camerino… No entendían lo que les acababa de suceder.
Era muy simple. Su peor actuación en meses se combinó con una soberbia tarde del Querétaro, cuyo director técnico reencarnó en Carlos Bueno, ese depredador uruguayo que se aprovechó de la inocencia de los centrales que acompañaron a Darío Verón.
Primera victoria de los Gallos Blancos con José Cardozo como estratega. Allí, en la invisible jaula que es la zona técnica, el ex ariete paraguayo rugió con cada anotación de su equipo, pero sobre todo cuando erró alguna opción frente al marco defendido por Alejandro Palacios.
Es por eso que Guillermo Vázquez abandonó el terreno de juego tan pensativo. El 4-0 en favor de los queretanos fue escandaloso, aunque corto para lo sucedido, en especial durante los segundos 45 minutos.
Los universitarios no eran superados por cuatro o más goles de diferencia desde el 31 de julio del año pasado. Aquella noche, el Santos Laguna les pegó (4-0) en el estadio Corona.
Dolorosa sensación a la que no están acostumbrados, mucho menos a correr detrás del balón, castigo al que ayer fueron sometidos por un equipo que muestra progresos futbolísticos, más allá de que volvió a jugar con el corazón en la mano.
Bueno brilló gracias a su hattrick (38’, 44’ y 56’), pero Israel Martínez también fue básico, incluso al ser expulsado junto a Fernando Espinosa (50’) por una pequeña reyerta.
Sin el Jagger en el lienzo verde, los locales carecieron de picardía por el sector izquierdo, aunque el actual campeón del futbol mexicano perdió a uno de sus pocos hombres experimentados, auténtico guía en el mediocampo. Bastión de un conjunto armado con simple pedacería, al que las lesiones y suspensiones lo tienen en la lona.
Ante la ausencia de Luis Fuentes, Vázquez tuvo que habilitar a David Cabrera como zaguero. Acompañó a Verón y José Antonio García, quienes fueron incapaces de controlar a Bueno, Daley Mena y Pablo Bonells, cuya formación auriazul le dio la posibilidad de intuir todos los movimientos de una retaguardia exigida desde los primeros minutos del encuentro.
Hacía tres años que el delantero no jugaba en la Primera División. Su más reciente oportunidad se presentó el 17 de agosto de 2008, precisamente con los felinos, ante el Morelia.
Prácticamente todos sus contrincantes le dieron un efusivo abrazo antes del silbatazo inicial. Pablo sonrió pícaramente; presentía lo mal que la pasaría el club que lo debutó.
Fue el as bajo la manga de Cardozo, quien salió ovacionado de la cancha de La Corregidora. Por fin demostró que, como timonel, puede acercarse a aquel monstruo del gol que sembró terror en todas las canchas mexicanas durante casi una década.
Bueno lo emuló a la perfección, sobre todo cuando se plantó frente al “Pikolín”. El arquero puma tragó saliva muchas veces, gritó a sus compañeros y les aplaudió en esas esporádicas ocasiones que hicieron bien su labor.
Esfuerzo estéril. Franco Niell dio el colofón a la obra maestra de los Gallos Blancos (63’), tras aquel magistral servicio del goleador uruguayo, ese que fue una pesadilla para el monarca.

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