Cd. de México.-
“Es una muñeca Barbie, Ken hay un millón de ellas”. Lotso, el oso maloso y oloroso de Toy Story 3 pone el dedo de peluche en la llaga del tema que ocupa al así amonestar y recibir como respuesta un: “Para mí no las hay”, en un ejemplo de las relaciones intergenéricas.
Considerando que en la pantalla hay caras de papa, extraterrestres, dinosaurios, alcancías de cerdo, y ahora hasta tenedores de ojos saltones, puede que sea necesario aclarar que con intergenérico se refieran aquí a “híbridos resultantes de cruces entre diferentes especies biológicas”. O, en estos filmes, entre distintos tipos de juguetes.
De lo que se trata es de relaciones entre personajes femeninos y masculinos en las películas de Toy Story, asunto de gran relevancia cuando se habla de la influencia que en casi un cuarto de siglo han tenido en quienes crecieron con ellas, ya que estudios en las áreas de psicología y sociología han confirmado que las películas y el resto de los medios visuales de entretenimiento afectan las actitudes, comportamiento y creencias.
La aniquilación simbólica. Tratándose de niños, bien se sabe que lo usual no es que, si disfrutan de una película como Toy Story, no sólo la vean repetidas veces, sino que hasta terminen memorizando y actuando escenas enteras.


