Tokyo, Japón.-
Los rascacielos emblemáticos de Tokio se iluminaron con los colores de la bandera estadounidense, mientras Donald Trump era recibido con honores dignos de un monarca.
Apelando al conocido gusto del expresidente por el lujo y el protocolo, Japón le ofreció una bienvenida de carácter real antes del esperado encuentro con la primera ministra Sanae Takaichi, la ultraconservadora considerada la “Dama de Hierro” asiática.
El encuentro, cargado de simbolismo, llega en un momento clave para ambos líderes.
En línea con la presión que ya ejerce sobre los socios de la OTAN, Trump busca insistir en que Japón aumente su gasto en defensa y acelere los compromisos de inversión por 550.000 millones de dólares en Estados Unidos, acordados en el marco del pacto comercial que fija aranceles del 15%.
Para Takaichi, la apuesta es aún mayor. Primera mujer en ocupar el cargo de primera ministra en Japón aspira a relanzar las relaciones bilaterales tras meses de tensiones comerciales y, sobre todo, garantizar que Washington mantenga su paraguas de protección frente a las amenazas de Corea del Norte y de China.
En Tokio preocupa especialmente la reunión prevista entre Trump y Xi Jinping, que podría redefinir las prioridades estratégicas de Estados Unidos en Asia y debilitar su compromiso con el archipiélago.
Para ganarse el favor del expresidente, Takaichi ha decidido apelar a su relación con Shinzo Abe, su mentor político y viejo amigo de Trump. Como gesto simbólico, tiene previsto obsequiarle un set de palos de golf que pertenecieron al fallecido exprimer ministro.
La mandataria también anunció que incrementará el gasto en defensa hasta el 2% del PIB en los próximos seis meses, adelantando más de un año el objetivo original, una medida que se espera sea bien recibida por el republicano.
Entre las opciones que evalúa el gobierno japonés para reforzar su compromiso con Washington figura además un aumento en la contribución que destina a sostener a las fuerzas militares estadounidenses estacionadas en el país, unos 50.000 efectivos.
“Crearemos un sistema que permita a Japón defenderse de manera independiente”, declaró Takaichi días atrás, en línea con su lema de política interna, Japan First.
Más allá de los temas de defensa y comercio, ambos líderes tienen previsto firmar un memorando de entendimiento para fortalecer la cooperación en la industria naval, un sector de gran interés para Trump e incluido en su plan de una “Flota Dorada” estadounidense como contrapeso a Pekín.
También se espera la firma de acuerdos para armonizar regulaciones y estándares sobre inteligencia artificial, además de impulsar proyectos conjuntos de investigación y desarrollo.
Antes de la jornada de trabajo, Trump fue recibido en el Palacio Imperial por el emperador Naruhito, a quien ya había conocido en 2019, poco después de su entronización. “Es una gran persona”, declaró el presidente al término del encuentro, que duró más de treinta minutos.
El magnate ha expresado en varias ocasiones su admiración por las casas reales, un rasgo que sus críticos atribuyen a su presunta aspiración a ejercer un poder absoluto.
En las últimas semanas, las protestas “No Kings”, que movilizaron a millones de personas en todo Estados Unidos, buscaron precisamente rechazar esas supuestas ambiciones monárquicas. Trump lo ha negado reiteradamente: “No soy un rey. Tengo que pasar por el infierno para conseguir algo”, dijo. Sin embargo, sus palabras no lograron disipar la polémica.


