Gana más dinero de “tragafuego” en las calles de Toluca

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Toluca, Edomex. / Octubre 4.-
Aunque reconoce que su salud se ha visto más afectada por estar lanzando bocanadas de fuego, Juan Hernández decidió dejar de limpiar parabrisas en las esquinas de la ciudad, para entretener por algunos segundos a los automovilistas que circulan en las principales avenidas de la zona norte del municipio.
A sus 18 años y teniendo como maestro a su tío Gerardo Rosas Hernández, pionero en la actividad que hoy es emulada por aproximadamente seis tragafuegos que se desempeñan en los principales cruceros de la capital del estado de México, el joven Juan dijo estar contento no sólo porque el largo de las llamaradas que avienta ya superan a las de su maestro, sino y sobre todo porque saca mucho más dinero que cuando limpiando carros.
“Está mucho mejor esta chamba, saco más dinero porque a la gente le gusta ver el fuego y en estos cruceros de la central de abastos de Toluca y de boulevard Aeropuerto siempre hay carros”, apuntó.
Recordó que algunos años atrás ya había trabajado con su tío y aunque los dos estaban en el mismo crucero, uno se dedicaba a brindar un servicio a los conductores como es la limpieza de vidrios y carrocerías, mientras que el otro se encargaba de entretenerlos echando llamaradas.
Situación que ya cambio pues hoy, ambos se dedican a ofrecer lo que Gerardo Rosas calificó como un “saludo del diablo” que asoma su sonrisa cada vez que ellos abren la boca, escupen gasolina y activan un encender frente a su rostro. “Acabo bien rojo de la cara, con los labios partidos y resecos y los dientes como que bien quebradizos, pero lo que es el pecho y los pulmones no me duelen ni me dan molestias”, dijo el joven Juan que hace cuatro meses cumplió la mayoría de edad.
Al respecto su tío Gerardo Rosas Hernández, que desde hace doce años se gana la vida como “tragafuegos” frente a la Central de Abastos del municipio de Toluca, admitió que sus condiciones físicas ya no son las mismas pues aunque sea de mañana, s siente cansado y con pocas ganas de seguir lanzando grandes llamaradas de fuego como las que hoy emite su sobrino.
Por lo que sus jornadas de trabajo se acortaron y hoy sólo permanece en el crucero por las mañanas, para luego irse a su casa del barrio Malacota municipio de Ixtlahuaca, donde lo esperan su esposa y dos hijas. Ya en su hogar se ocupa de trabajar en el campo o atender algunos animales que tiene su suegro.
Mientras que su sobrino “explota” el crucero que en los últimos cuatro meses le ha estado compartiendo y ahí el joven Hernández cada día intenta que sus llamaradas sean más altas y largas pues sabe que eso causa asombro a los automovilistas y en esa medida existe la posibilidad de que den “una buena moneda”, expresó Juan.

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