Oaxaca.-
Cuando Belén Bautista Quiroz habla sobre los hongos la sonrisa se le desborda del rostro. Esa sonrisa amplia aparece cada que sube a los bosques de San Esteban Atatlahuaca, en la Mixteca Alta de Oaxaca, a recolectar ejemplares silvestres que nacen a 3 mil metros de altura.
Ahí, entre abetos de 300 años, la sonrisa de Belén se repite cada que la joven ñuu savi de 18 años logra identificar algún ji’i, como se le llama en su lengua a los hongos. Cuando localiza algún ejemplar lo primero que hace es mirarlo con un semblante serio, después la sonrisa estalla con fuerza y Belén recita de memoria el nombre científico y la taxonomía del ejemplar:
—Éste es del género amanita porque tiene el sombrerito, tiene el velito en la patita y cuando lo colectamos tenía una bolba abajo. Ese es un indicador del género.
Belén sigue hablando. Dice que dentro del “sistema bosque” los hongos son los que forman toda la capa de comunicación. Asegura que esa capa, que puede medir miles de kilómetros y que se extiende a través de las raíces, es el verdadero hongo y lo que sale de la tierra son sus frutos.
“Los árboles son los que absorben todos los nutrientes del ambiente y al final generan carbohidratos que le entregan a los hongos, éstos en agradecimiento sirven como un canal para equilibrar el bosque. A este proceso se le llama micorrización: mico es hongo y riza es raíz”, describe.
Tras la explicación, nadie de los acompañantes duda de sus palabras porque desde 2015 esta joven, junto con su hermana Oralia, de 20 años, han impulsado el conocimiento científico de los hongos en San Esteban Atatlahuaca y no hay quien sepa más del tema.
Revalorizar los saberes
La vida de Belén y Oralia siempre ha estado ligada a los bosques. Así lo asegura Belén cuando cuenta que tenía 15 años en el momento que inició formalmente su aventura con los hongos. Explica que fue hasta que conoció a la ingeniera Alicia Rojas cuando comenzó a mirarlos más allá del conocimiento tradicional.
Tres años después, Belén y Oralia encabezan el Grupo Etnomicológico de la Mixteca, uno de los dos proyectos de su tipo que hay en el país y el único en Oaxaca. La finalidad, explican las jóvenes, es que el conocimiento tradicional que por más de 600 años ha existido en la región Mixteca sobre estos recursos forestales se revalorice, se sistematice y así pueda transformarse en un atractivo para que su comunidad genere ingresos.
—Esto tiene que dar paso a que la gente se vaya relacionando con el conocimiento científico, para que sepamos más de los recursos de nuestra comunidad —dice Belén.
Para ello el grupo ha impulsado una feria de hongos silvestres, que este fin de semana celebra su tercera edición, y ha creado vínculos con instituciones como la UNAM o el Colegio de Postgraduados que las han guiado en los caminos de la etnomicología, disciplina enfocada a revalorizar los saberes ancestrales de los hongos, pero fortalecidos con una mirada científica. Justo lo que hacen Belén y Oralia.
Como resultado de esos esfuerzos, los cinco integrantes del grupo, que además de las hermanas incluye a la ingeniera Alicia Rojas, han logrado catalogar 49 de las 250 especies de hongos que nacen en Atatlahuaca, los cuales incluyen 32 variedades comestibles, 15 tóxicas y dos medicinales.
La fiesta del bosque
De acuerdo con Jesús Pérez Moreno, investigador del Colegio de Postgraduados, México es el segundo centro genético de hongos más importante del mundo, lo que le brinda oportunidades en un sector valuado en billones de dólares anuales.
Esta riqueza también es destacada por Oralia Bautista, la hermana de Belén, quien asegura que en los bosques de Atatlahuaca nacen ejemplares que por su aroma o presentación llegan a tener precios exorbitantes, pero que en la Mixteca siempre han formado parte de la vida comunitaria.
—Hay hongos que se veneran por ser sagrados, por ejemplo, los de Cuaresma que nacen en abril, y que son indicadores de que va a estar buena la temporada, ésos son comestibles.
Ese potencial es el que quiere despertar el grupo etnomicológico, pues consideran que será una fuente de desarrollo para esta comunidad ubicada a una hora de Tlaxiaco.
Bajo ese eje, desde hace tres años, con el respaldo de la asociación Promixteca y las autoridades comunales, el grupo ha organizado una feria a la que han llevado chefs y capacitadores para que enseñen a la población a aprovechar los hongos en platillos y conservas.
El resultado ha sido tan positivo que el año pasado la Feria de los Hongos silvestres atrajo a más de mil personas, por lo que las autoridades comunales ya desarrollan un proyecto ecoturístico que tiene como eje los bosques y los hongos.
—Lo hicimos para que la comunidad lo apropiara y dijera: “Esta es nuestra fiesta del bosque”. La autoridad abrazó el proyecto y ahora nosotros seguiremos en el estudio de los hongos, pero la actividad se queda para ellos —dice Belén.


