Por Mario Palacios/ Enviado
Saltillo, Coahuila.-
Habilitado como sala de prensa, el auditorio de la sede estatal del PRI lucía vacío, con apenas unos cuantos reporteros locales y enviados a la cobertura de las elecciones en Coahuila deambulando.
Afanosos, los empleados del tricolor ajustan la señal de internet, calan una y otra vez el audio de salida de micrófonos y la recepción en las bocinas.
Mientras una película de jóvenes reos en una mina se transmite por una pantalla de televisión la cual, se espera, presente al líder estatal del PRI o al candidato a gobernador, Miguel Ángel Riquelme horas más tarde, cuando cierren las casillas y se tenga algo que decir sobre los resultados en las votaciones.
En Saltillo, capital del Estado que este domingo al igual que otras entidades vive en zozobra por los comicios de gobernador, poco después del mediodía y hasta algo así como las cinco de la tarde son en domingos normales, tardes para descansar y cargar energías para la semana laboral que iniciará dentro de poco.
Pero hoy es diferente. Hay tensa calma. Las casillas de votación de esta urbe, como las de su vecino hermano el municipio de Ramos Arizpe, lucen con bastante flujo de votantes, algo que para muchos es anormal, para otros más histórico. Pero todos parecen coincidir: algo va a pasar más tarde.
Y en esa espera del qué vendrá, la sede del PRI luce casi vacía. Apenas unos cuantos empleados. Nada de la estructura de mando del partidazo hegemónico. Ni guaruras, perdón, guardias de seguridad. Ni grupos de militantes agazapados en la espera de sus candidatos con perfil de ganadores en pendones y espectaculares, pero a veces derrotados en encuestas de medios de comunicación o privadas.
Algo se cocina a fuego lento, como el pan de pulque y las semitas tradicionales de esta región, en espera de que el horno este en su punto y salga a la calle.
La película de jóvenes mineros recluidos contra su voluntad llega a su fin, alcanzando su libertad tras un encierro que parece de años… cualquier semejanza con la realidad es posible.





