Más allá de ser considerada como una próspera región, en la frontera de Tamaulipas también hay quienes no poseen los medios para tener una vida digna y saludable.
Sin importar que ciudades como Nuevo Laredo, Matamoros o Reynosa sean bastión de importantes fábricas maquiladoras, existe una cantidad numerosa de personas que lejos de salir adelante se estancan.
Es el caso de los Pimentel Aldape, una familia de la colonia Capitán Carlos Cantú, compuesta por cinco hijos. Sus progenitores se dedican a la mecánica y a entregar por la calle folletos de un centro comercial.
Sea la mala suerte, la falta de oportunidades o cualquier otro motivo, ellos tienen más de cuatro años que no festejan la Navidad, mucho menos reciben regalos en esa fecha.
Subsisten debajo de su paupérrima casa, en la que ni siquiera cuentan con servicio de agua ni tampoco drenaje. La cocina es un pequeño cuarto de madera y lámina, por donde se cuela el implacable frío de la frontera.
Mientras tanto el baño es una fosa contaminada, que los mismos integrantes de esta familia ya están cansados de usar, optando mejor por buscar un rincón para hacer sus necesidades.
Dentro de una habitación duermen los siete y se refugian del invierno unos pegados con otros. No tienen otra opción más que resistir las carencias, esperando que los niños crezcan y ayuden con el gasto a sus padres.
Aunque todos asisten a la escuela no hay ninguna seguridad de que podrán seguirlo haciendo, debido a la misma pobreza que se padece en esta casa.
RAYITO DE LUZ
Sin embargo, las tristezas, el malestar y la falta de recursos se les han olvidado un poquito al enterarse que fueron seleccionados por la campaña de Hora Cero “Una Navidad diferente”, la cual hará realidad el sueño de varias familias pobres de
Reynosa que no poseen los medios para adornar su casa, entregarse regalos y pasar una modesta cena de Nochebuena.
Un grupo de publicistas y diseñadores acudieron hasta este hogar para arreglarlo con un pino, series de foquitos, escarcha y preparó su mesa a la espera de la cena de Navidad, que llegará el día 24 con algunos obsequios.
“Me siento muy feliz y contenta, porque mis niños desde hace mucho querían un arbolito (llanto), tenemos cuatro años sin vivir algo como esto”, menciona emocionada la señora Perla Esperanza.
Mientras los voluntarios conectan los focos de colores y acomodan las esferas, los cinco hijos de esta familia se “chivean” ante la cámara. Sueltan nerviosas carcajadas al mismo tiempo que su madre, parece no creer que su casa tenga otra vez un espíritu de Navidad que desde hace mucho se había ido.
Mientras, apenado, su marido apenas se acerca un poco, pero luego se retrae, aunque parece agradarle mucho que alguien se haya fijado en ellos.
Después de enterarse que el equipo de Hora Cero volverá en la Nochebuena, el pesimismo de siempre cambió y las sonrisas se quedaron en este menesteroso hogar de Reynosa.


