Monterrey, NL.-
Diecinueve años mayor que el presidente de México a partir de mañana, Herminio Gómez Rangel -en los años ochenta- empezó su activismo en favor de la democracia y el respeto al voto, y bien pudo haber sido “el Andrés López Obrador de Nuevo León”.. pero para el PAN fue muy incómodo.
Hoy, a sus 83 años de edad, no se quiere perder uno de los capítulos históricos en la vida política del país y solo, apenas acompañado de una maleta y un libro del analista Federico Arreola, llegó en la oscuridad de la mañana a la Terminal 3 del aeropuerto de Monterrey para viajar a la CDMX.
—¿No te da miedo viajar?, pregunto obligado.
—Gracias a Dios puedo moverme solo a mis años. Todo me funciona, no me duele nada. Hace poco me operé de las cataratas y mírame aquí estoy.
El único lugar seguro a donde tendrá acceso este 1 de diciembre es a la plancha del Zócalo donde López Obrador pronunciará un discurso a la Nación, el seguro después de jurar como el primer mandatario de izquierda en el Congreso de la Unión.
—Pero no importa, donde sea que esté tendré el privilegio de estar en un evento histórico.
Apenas aterrizó el avión, salió por la Terminal 1 y se dirigió a la estación del Metro más cercana para ir a la central de autobuses, pues tiene una cita en en una localidad rural conurbada a la capital con Bernardo Batis, su amigo propuesto por el presidente a partir de mañana como fiscal general de la Nación.
Las más de tres horas de retraso para salir el vuelo se pasan rápido entre anécdotas, andanzas y tropiezos políticos de Herminio, como cuando en 1991 fue precandidato del PAN -su ex partido- para la alcaldía de Monterrey y la cúpula albiazul lo tropezó por irreverentemente crítico.
El activista social siempre fue muy amigo, hasta su muerte en 2007, de Pablo Emilio Madrero, candidato del PAN a la presidencia en 1982 y perdió frente a Miguel de la Madrid Hurtado, quien fue postulado por el PRI en tiempos donde se partido no cedía espacios a la oposición.
Por esa supuesta fraudulenta elección, Herminio encabezó una serie de protestas en Nuevo León, en parte del territorio nacional y viajó a Madrid, España, para entregarle una carta de repudio al entonces presidente de la República.
—En Madrid estuve a punto de que me dispararan porque cuando me estaba sacando algo del panteón que se me había escondido, vi que había francotiradores en el techo del museo donde De la Madrid iba a tener una reunión.
Fue en 1985 cuando empezó la Tribuna Libre de México, un espacio donde en el Parque Hundido de la Macroplaza cada domingo, cuando se encuentra en Monterrey, levanta su voz en defensa de la democracia del país.
Alguna vez estuvo López Obrador acompañándolo y otros actores políticos del país. Hasta el entonces gobernador del PRI, Sócrates Rizzo García, lo acompañó. Amigos tiene, y de sobra de todos los tintes partidistas.
Su espalda está más recta que una asta bandera, no usa lentes y viste traje sport color gris. Con más de ocho décadas a cuesta aparente menos edad y, por su mente, no se escapan detalles de la presente y vieja historia de México.
Herminio estará en el Zócalo, sí. Y seguramente en algún otro lugar donde sólo invitan a los auténticos demócratas del país.
Si López Obrador lo ve a lo lejos, seguro ordenará una valla y pedirá ir por él. Eso Herminio lo sabe y se lo merece, pero su humildad se lo impide decir.
Y si eso no pasa, sencillo como es volverá a Monterrey a seguir al frente de su negocio familiar de seguros… y para treparse a una banca de concreto pidiendo al paseante que levante su voz para que la democracia mexicana no se descarapele.


