Panteones regios son invadidos por la nostalgia

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MONTERREY, N.L.-
Los panteones del Carmen y Dolores fueron los primeros sitios privados en la ciudad de Monterrey, pero hoy, en el Día de Muertos les invade la nostalgia.

Cientos de regios se dieron cita para visitar las tumbas de sus seres queridos. El ambiente lució este sábado concurrido y ajetreado por fuera. Decenas de vendedores de churros, cañas, calaveras de dulce, antojitos mexicanos, flores y pan, hicieron su “agosto”, aprovechando la ocasión.

Adentro los lavanderos de tumbas hacen su trabajo y abordan enseguida a los visitantes para ofrecer sus servicios por 30 pesos y los más caros en 50 pesos, cargan una cubeta, cepillo, franela, jabón y una esponja, para hacer una limpieza a fondo de las lápidas.

Claudia, lleva 15 años asistiendo en estas fechas, para ganarse algo de dinero extra junto con su hija, y recuerda que cuando tenía 2 años se la cargaba en la espalda mientras ella lavaba tumbas; ahora su hija, de 15 años, también la ayuda.

“Ahorita ya está viniendo más gente pero antes era más, ahorita ya hay mucha competencia, si me va bien sacaré unos 700 pesos”, dijo Claudia.

Los integrantes de las familias se sientan a comer alrededor de la tumba de sus finados, otros prefieren rezar un rosario, algunos más sólo hablan y ríen.
PANTEONES
Otros se encuentran solos contemplando las tumbas de sus seres queridos, como es el caso de Mary, de 87 años, quien está esperando a que su hija encuentre un estacionamiento; mientras un joven lava los cristales de la pequeña capilla donde está enterrado su esposo e hijo de la “Familia Acosta Venegas”, según se lee en la parte superior de la puerta.

Mary, tiene su rostro lleno de arrugas y manchas que las oculta con el maquillaje y el rubor color rosa palo, mientras que sus canas la cubre con un tinte café, viste un traje formal con un abrigo de cuadros, el sol de la tarde resalta el color verde de sus ojos.

“Ahí está mi esposo y mi hijo Alfonso que murió de repente, le dio un ataque. Le digo a mi esposo, ya al ratito voy a estar donde tú estás”, dijo Mary sonriendo débilmente.

Recordó con nostalgia el último deseo de su hijo, a quien lo describió como un hombre bueno y noble.

“Mamá yo tuve un hijo con una persona que quise mucho, pero usted no me dejó que me divorciara, búscala. Me arrepiento de no haberlo dejado ser feliz”, confesó con lágrimas en sus ojos Mary.

Por fin llega su hija, abre la puerta de la capilla, Mary se despide para acercarse, para poder entrar y sacar las flores secas, luego las reemplazarla por unas frescas.

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