Mission, Tx.-
Jueves 28 de enero, madrugada 1.-
Había escuchado tantas leyendas urbanas sobre la primera noche con papás-tecolotes y un bebé a grito abierto. Nada de eso pasó con el niño Jiménez Almaraz -¿cómo se va a llamar?, todavía no sabemos-, porque durmió la primera madrugada en el hospital.
A las 3 y media Paola me despertó y me levanté del piso como un resorte; la enfermera de cuneros lo trajo para su primera comida de pecho. ¡Madre mía! no se despertaba, es mas, creo que nunca se despertó para prenderse de su mamá. Luego empezó a llorar, hasta eso, moderado sin despertar a los demás niños del piso 2.
Y como Paola se recupera de la cesárea me tocó hacer las maniobras para limpiar su primera popis. Y que empieza la “operación wipes”. Antes de las cinco no me aguanté y lo empecé a mecer en mis brazos. ¿Sueño? ¿Cuál sueño? Como a las 4:45 el pequeño fue llevado a cuneros, para no variar, bien dormido, y sus papás a imitarlo. El piso duro del cuarto 274 me pareció el mas blando, como está mi corazón al volver a ser papá.




