Reynosa, Tam.-
Los dedos de Rosaline se sincronizan para trenzar el pelo de una joven reynosense que le ha encargado un peinado al estilo afroamericano. Versada, a base de mucha práctica, la trabajadora de origen antillano es una de varias compatriotas suyas que ofrecen servicios de belleza sobre la calle peatonal Miguel Hidalgo.
En un domingo ordinario pululan los visitantes al sector de la zona Centro de la ciudad, en una mezcla de culturas y de lenguas que se hablan en este territorio. Los hay francoparlantes, en inglés, por su puesto en español y hasta en ruso o ucraniano: la ola de inmigrantes le da vida a una ciudad que diariamente recibe gente de distintas procedencias.
A las mexicanas les encantan las trenzas y la muestra es que hacen fila para sentarse a que las peinen. Una hora aproximadamente se tardan las estilistas con un cabello de 50 centímetros.
Incluso existe una estética al aire libre donde las mujeres de Haití aplican tintes y realizan cortes de cabello, justo enfrente de un salón y peluquería.
La empleada de una tienda de comida suelta una carcajada graciosa sugiriendo que las estilistas de Reynosa se capaciten en rizos con la nueva competencia.
El caso es que hasta ofrecen servicios de pedicure y manicure de manera profesional. Y no sólo eso, algunos de los hombres del país caribeño trabajan en las fruterías del mercado Guadalupano, en heladerías e incluso, tienen puestos para vender sus típicos platillos: Ragout de ternera a la jardinera, berenjenas con bechamel y sus arenques tropicales.
No son asiduos a comer tortillas de maíz, pero muchos se están asimilando a la cultura gastronómica y socioeconómica de la frontera, tanto así que son clientes frecuentes de los centros comerciales, de los tianguis y ya hasta conducen sus propios automóviles.
A diferencia de los pueblos de otras nacionalidades, los haitianos se desenvuelven en Reynosa sin empachos. Las situaciones de riesgo que se presentan en la región no son ajenas a la terrible violencia que han sufrido durante décadas en sus lugares de origen, como la más reciente Guerra Civil causada con la muerte del presidente Jóvenes Moïse, que tiene sumido al país en un estado fallido.
Exiliados, algunos en Chile y otros en México, los haitianos intentan sobrevivir a su pasado como Rosaline, que con el dinero que gana haciendo trenzas se ayuda a pagar su comidas y su renta en un pequeño cuarto en el que sólo tiene una cama, un baño y un ventilador.
Reynosa, es una de las urbes donde más de ellos viven, pues se calcula que hay más de 10 mil, a pesar de ser una población flotante. Pocos son los que cuentan con medios para hospedarse en hoteles.
Por ende la fisonomía de esta ciudad del norte de Tamaulipas ha cambiado. Las restricciones les hicieron esperar su solicitud de asilo en un tercer país como México y aquí se mantienen a la espera.
FRATERNO REENCUENTRO
A más de tres mil kilómetros de distancia, con sus respectivas escalas, hay un par de amigos que se vino a encontrar en Reynosa. Aunque prefirieron emitir su identidad, estos haitianos contaron que fueron compañeros de la escuela durante la infancia.
Al crecer tomaron caminos separados. Uno se fue a vivir a Chile y otro se quedó en su país, hasta que estalló nuevamente la violencia y éste último vino a México. El joven que se encontraba en sudamérica decidió subir al continente ya implantada la política del Título 42, que obligaba a los solicitantes de asilo a pasar por un estricto control sanitario fuera de los Estados Unidos.
Ambos caminaban por las calles de Reynosa cuando volvieron a ver su rostro, siete años después. Y en este reencuentro revivieron el hermanamiento. Desde entonces estos dos amigos pasan todo el tiempo juntos. Uno es rapero y el otro peluquero.
Comentan que igual en las calles hay muchas personas de su país que son profesionistas, maestros, médicos, ingenieros. Que están aquí no por gusto y que piden no ser discriminados.
Reconocen que son muchos los haitianos, pero no los hay pidiendo dinero en las calles ni tampoco vagan con vicios. Pidieron perdón al pueblo de Reynosa si alguno de ellos cometió faltas, pero pidieron no generalizar a su raza por el comportamiento de algunos.
Manifiestan que buscan mejores oportunidades de vida y agradecen el tiempo que se encuentran por esta ciudad, la cual ha tenido un giro positivo en materia comercial, porque el público extranjero alquila gran parte de los alojamientos de la zona Centro y de otras colonias de la localidad, pero también consume su dinero en tiendas locales y recibe remesas que se quedan inyectadas en la economía de Reynosa.
Desde Puerto Príncipe hasta las puertas de los Estados Unidos, la gente que hasta aquí ha llegado tiene claro que su suerte depende de las cortes de inmigración, porque hay muchas personas que una vez que pasaron a la Unión Americana han sido llevadas de regreso hasta su país, deportadas a una tierra sin paz, con los sentimientos y los bolsillos rotos.





