Hace un par de días me enteré del quebranto en la salud de Heriberto Deándar Martínez, por lo que fuí a Hora Cero a preguntar por su estado físico a Heriberto Deándar Robinson, quien como es su costumbre con toda llaneza dijo: “se puso mal, pero ya está en casa y ya será lo que diga Dios”.
Nos despedimos confiando en que su espíritu de lucha lo haría sobreponerse. Lamentablemente el día de la Virgen de Guadalupe un amigo mutuo me enteró que don Beto acababa de fallecer.
Después vinieron a mi mente varias anécdotas que dibujaban a un hombre solidarizado con el periodismo, que entendía que lo que publicara El Mañana era compromiso y responsabilidad con sus lectores, y con la ciudadanía en general.
Y así, por informar hechos que terceros no querían que trascendieran, Heriberto Deándar Martínez se ganó animadversiones, que mediante persecuciones fiscales creyeron así lo ablandarían.
Craso error, el efecto fue al contrario, porque inflamaron su orgullo periodístico y salió avante, y no se diga El Mañana, que incluso aumentó su credibilidad.
Por su carácter era muy fácil platicar con él, porque irradiaba sinceridad y don de servicio a la colectividad, por ello su frase recurrente era, palabras más, palabras menos: “Lo único que se vende en El Mañana es publicidad y la edición impresa, la información y el criterio editorial no”.
Así de fácil explicaba lo que es el periodismo.
Hoy descansa en paz y deja un ejemplo de periodismo viril, no solamente para los que forman parte de El Mañana, sino para los diversos medios de comunicación.

En lo personal lo recuerdo como una persona amable, pero que tuvo el tino de diseccionar la amistad de la labor informativa de El Mañana.
Sus hijos hoy viven momentos de aflicción, pero también de gozo espiritual porque ya cumplió con su compromiso de vida con el periodismo, y por ya estar al lado de Minita

Robinson de Deándar.
Saludos hasta arriba, al solidario periodista don Heriberto Deándar Martínez.


