‘Tendremos un chip en la cabeza, en lugar de celulares’

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Tokio, Japón.-
Un verdadero cambio en México requiere mayor presupuesto para la academia e investigación. Salir de México no ha sido pose ni capricho sino la necesidad de brillantes investigadores para desarrollar proyectos que han de retribuir beneficios a su país.

“En un futuro no muy lejano ya no vamos a necesitar teléfonos inteligentes. Tendremos un ‘chip’ en la cabeza que enviará mensajes, encenderá aparatos, estará lleno de información y podremos hasta grabar nuestros sueños”, según la visión de Christian Peñaloza, investigador mexicano que trabaja en el conocido Laboratorio Ishiguro de Inteligencia Robótica, en la Universidad de Osaka.

Cruzar las fronteras entre la ficción y la realidad, se ha vuelto para él tan natural como lo fue cruzar diariamente la frontera geográfica entre su natal Tijuana y el sur de Estados Unidos, para completar sus estudios básicos.

Así, sus primeros contactos internacionales le permitieron soñar con ser investigador en el paraíso de la ciencia y la tecnología: Japón. Es justo en este país donde ha desarrollado AURA, un dispositivo para procesar señales del cerebro que se convierten en movimientos. En varios foros ha demostrado cómo una persona con discapacidad puede mover tres brazos, controlar una prótesis o una silla de ruedas, con la mente.

Los avances de este inventor mexicano se han comparado a las pruebas que hace Facebook buscando sistemas para que la gente escriba con el pensamiento, o compañías de autos que están diseñando modelos que reciban señales del cerebro para evitar accidentes.

En el caso de Peñaloza, esta especie de casco que conecta electrodos a la cabeza de una persona para codificar sus pensamientos y controlar un robot o mover una silla de ruedas, ya es una realidad. Precisamente por esta invención que permite a personas con parálisis una posibilidad de movimiento, Peñaloza fue reconocido en el 2016 como el “Innovador del año” por el MIT Technology Review.

El científico también ha luchado por hacer el costo de su invento accesible a más personas y esté disponible en países como el suyo: México. Con esto, él mismo evidencia que la “fuga de cerebros” es la búsqueda de oportunidades de desarrollo en otros lugares, pero que el talento mexicano busca devolver a su tierra el beneficio de lo aprendido.

“Un asunto que sería clave en México es dar más presupuesto a la investigación, a la ciencia y tecnología”, comenta el talentoso científico, que fue rechazado repetidamente por programas de becas y organizaciones de investigación del gobierno mexicano.

Finalmente, con recursos de su familia y trabajando en un restaurante, se costeó la vida y una maestría en Japón.

Aquí, superando también barreras lingüísticas y el choque cultural, se abrió oportunidades para concluir su doctorado y ahora el mismo gobierno japonés le ha dado los recursos que su propio país le negó para desarrollar sus inventos.

Christian Peñaloza es Ingeniero en Computación con estudios de Maestría en Ciencias de la Ingeniería y Doctorado en Neurociencia Cognitiva, de universidades en Estados Unidos y Japón.

Su sueño es tener su propio laboratorio de innovación tecnológica: “…invitar a otros investigadores de todo el mundo a que vengan a mi laboratorio y podamos desarrollar más tecnologías futuristas. Y que al mismo tiempo podamos vincularnos con empresas para poder comercializar estas tecnologías y hacerlas más accesibles a toda la gente”.

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