Best sellers: ¿Qué tan malos pueden ser?

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Monterrey, N.L.-
Los best sellers no son ni pueden ser considerados como literatura. Claro, hay personas que piensan así y fraguan la discusión y la cuasi “necesaria“ distinción entre los “clásicos“, aclamados por ser parte de la alta cultura (y reconocidos como los epítomes de la literatura) y los pasajeros best sellers, la literatura plagada de clichés y fórmulas editoriales repetitivas (prostituidas).

Sin embargo, ¿será justo que la etiqueta de un libro como best seller vaya siempre acompañada de esta connotación negativa?

Primero que nada, habrá que conceptualizar qué es un best seller. En el sentido estricto de la definición se trata de un libro muy vendido. Así de sencillo. Por ello muchas veces se le atribuye la categoría de producto, mas que la de literatura a los best sellers. Porque, a final de cuentas, lo que buscan tanto la editorial como el autor es vender el libro, ¿no?

A su vez, para fines de conveniencia y de distinción de entre estos libros de moda y los clásicos o aquellas obras que tienden a serlo, se ha creado otro concepto, el de los llamados long sellers. Esta etiqueta se refiere a aquellos libros que, aunque muy vendidos, han superado la prueba del tiempo y se han mantenido en el gusto de los lectores y de la crítica.

Y es ahí donde observamos un problema de la alta cultura y es ese snobismo que la caracteriza: ¿en verdad es necesaria tal distinción? Porque un libro muy vendido es un best seller y punto. Mas, es muy probable que como cualquier libro puede ser best seller, sin importar qué tan bueno o malo (Fifty Shades of Grey) sea, los puristas de las letras y de los libros con páginas amarillas y empolvadas, decidieron arbitrariamente hacer tal separación.

Pero también es obvio el fin ulterior de tal clasificación, los best sellers que no permanecen como tal, a través de los años, son nada más productos comerciales que respondían a ciertas tendencias que se estaban generando durante tal época en cierto sector de la población. Es decir, y de manera más sencilla, son sólo modas pasajeras, como las camisas Ed Hardy o los Jonas Brothers.

En contraparte y en defensa de los best sellers, si hay una característica que los acompaña es la incertidumbre. Uno no escribe un libro planeando que va a ser el próximo Harry Potter, tampoco la audiencia está genuinamente esperando comprar un libro (salvo que sea de un autor cuya fórmula ya esté probada), así que la transición entre ser un libro más del montón y un best seller, es un paso importante. Y algo sumamente difícil de lograr, por lo que merece un reconocimiento especial la obra que llegue a ser súper vendida. Por más mala que sea.

A su vez, también es importante y recomendable adquirir una postura escéptica respecto a los libros que cada semana o cada mes llegan a la lista de los más vendidos. Escéptica, porque como se ha visto, no todos los best sellers son malos. Es decir, hay obras que pueden llegar a ser muy vendidas pero que no lo hacen con la intención de “prostituirse“.

Sino que, sólo es un escritor que cumple su sueño (terminar de escribir un libro) y que genera una reacción positiva de parte del público. Porque para ser best seller no necesitas ser bien recibido por la crítica o los gurús de la literatura. ¿Se imaginan que esta fuera condición?

Por otro lado, lo menos recomendable es actuar como un snob que cierra los ojos ante cualquier libro que se vuelve sumamente popular. Está bien si lo consideras malo, pero esta crítica no se puede hacer salvo que realmente te pongas a leer el libro.

Tampoco implica leer de inicio a fin obras que genuinamente son malas pero con tan sólo leer 10 o 50 páginas es suficiente para tener una opinión justa y justificada sobre qué tan malo y tortuoso puede llegar a ser ese best seller.
En el peor de los casos, lo que podría suceder es que te llegue a gustar, ¿no? Todos tenemos gustos culposos.

Redactó Alejandro Olivares, alumno de Periodismo del ITESM.-

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