Monterrey, N.L.- La agenda de Melissa es algo especial porque a sus 23 años se encuentra a dos meses de graduarse y a siete de su boda, por lo que cada uno de sus días están organizados de principio a fin.
“Durante mis clases tengo que estar haciendo tareas porque llegando a mi casa todo se trata de la boda, mi novio esta haciendo su maestría, se desocupa hasta las 9 entonces pasamos casi toda la noche planeando y discutiendo sobre el evento”, comentó.
Ella, una joven estudiante de mercadotecnia, ya tiene separado lo más importante, el salón, la música y el novio, serán siete meses de esfuerzo extra para planear graduación y boda al mismo tiempo, pero es exactamente lo que siempre soñó.
Para Cristina, por otra parte, el matrimonio antes de los 27 parece una locura, a punto de graduarse también, con sueños de hacer una maestría y vivir en el extranjero por un tiempo, considera que adquirir un compromiso semejante representa el entierro de toda aspiración profesional.
“Tengo tantas opciones, estudiar, trabajar, viajar, hay tanto por conocer, lo último en lo que estoy pensando es en meterme a la casa para tenerle la cena caliente a mi esposo a las ocho que regresa del trabajo,” explica quien quiere ser licenciada en economía.
Mientras Cristina no comprende porque si alguien ya logró encontrar al amor de su vida (que es la parte más difícil) no se pueda esperar unos cuantos años más para dar el “sí acepto”, Melissa no entiende para que postergar algo con lo que siempre ha soñado.
El mundo femenino está dividido y ambos bandos parecen irreconciliables.
Después de la revolución sexual la mayoría de los medios, en especial las revistas femeninas americanas y europeas, han bombardeado a las mujeres con la idea de que primero se tiene que alcanzar una vida soñada (trabajo ideal, cuerpo ideal, escalar el Everest… etcétera) para después empezar a compartirla.
En la cultura latinoamericana, sin embargo las veinteañeras se enfrentan al enorme peso de la figura de familia tradicional.
En la mayoría de las casas latinas los hombres serán el sostén principal de la casa y para las mujeres el matrimonio o el trabajo en otra ciudad son las únicas dos opciones para dejar de vivir en casa de sus padres.
Así que las mujeres a sus 20 años, después de haber atrapado al príncipe azul, comienzan a enfrentar la pregunta: ¿Cuál es la mejor edad para casarse?
Las estadísticas mexicanas
Acorde con datos del INEGI la edad media al matrimonio en México es de 26 años para las mujeres y 29 para los hombres.
El fenómeno de las parejas donde el hombre es mayor que la mujer es una constante en casi todos los países sin embargo en México llama la atención que tan sólo en 10 por ciento de los matrimonios mujer y hombre tienen la misma edad, cuando en países como Estados Unidos este categoría compite con un 25% del total de los matrimonios.
En nuestro país los hombres solteros en un rango de 25 a 30 años superan por 10 puntos porcentuales a las mujeres de la misma edad.
Queda claro que las mujeres prefieren darle el “sí acepto” a hombres mayores que a sus compañeros de clase.
Las mujeres no temen a lanzarse al compromiso más jóvenes que los hombres cuando tienen una pareja con una estabilidad económica que respalda el hogar que van a formar.
Es más factible que los hombres entre los 25 y los 30 ya alcanzaron un puesto donde pueden mantener un hogar. Lo cual nos lleva a la siguiente estadística que define la figura de familia tradicional:
“En México los hogares con pareja conyugal (jefe y cónyuge) representan poco más de tres cuartas partes de los hogares familiares. En esta composición predomina la jefatura masculina con 94.7 por ciento”.
El arquetipo de la familia se ve más absoluto en los casos de hombres menores de 30 con un cónyuge a su cargo, en el 67 por ciento de los casos sólo el trabaja.
Así que las estadísticas indican que en la mayoría de los matrimonios jóvenes la mujer tiene que postergar su carrera.
Pero para aquellas que quieren perseguir la vida de una ‘chica Cosmo’, también hay obstáculos.
El peso de una tradición es innegable, de acuerdo con datos de la OCDE mientras que en países nórdicos hasta un 22 por ciento de la población mayor a quince años viven en unión libre, México apenas alcanza 11 puntos porcentuales en este tipo de relación.
Para gran parte de la población femenina en Latinoamérica el curso regular es vivir en casa de sus padres hasta que se casan.
Las únicas otras excusas para dejar la casa familiar son un trabajo o estudios fuera de su ciudad de origen.
Por qué es bueno esperar vs por qué no debemos esperar tanto
Melissa asegura de que no dejara su carrera, pero tendrá que postergar su maestría unos años en lo que Héctor termina el doctorado y deciden en que ciudad van a vivir.
También sabe que va a representar un reto conseguir un trabajo para ella si se están mudando constantemente.
Cristina por su parte no esta dispuesta a sacrificar su carrera por un hombre pero le aterra la posibilidad de no formar una familia antes de los 32, el tema del reloj biológico siempre se presenta como una duda a si estará tomando la decisión correcta.
Aunque no hay absolutos en un paso tan importante como el matrimonio, hay variantes que se deben tomar en cuenta para conformar un plan de vida sola o acompañada.
Aquellas que sueñan con tener un anillo en el dedo antes de la graduación deben tomar en cuenta los desafíos a los que se van a enfrentar.
Las parejas jóvenes regularmente fijan la ruta trazada por la carrera del hombre, que por ser mayor en edad es quien representa la oportunidad de una estabilidad económica más cercana. Por lo mismo las mujeres sin proponérselo van postergando sus metas profesionales.
Los psicólogos también señalan los matrimonios jóvenes, en su mayoría están tan ilusionados con el ideal de iniciar una vida juntos que rara vez discuten sobre a que edad quieren tener hijos y como se van a repartir las labores del hogar, causa de gran cantidad de divorcios.
En cierto que en los últimos años la participación laboral de la mujer en el hogar se ha incrementado, datos mencionan que se alcanza un 32 por ciento de parejas donde ambos laboran, pero aún en el 58 por ciento de los hogares mexicanos sólo el hombre labora.
Seguir la inercia cultural donde el hombre es el principal proveedor y la mujer se dedica al hogar puede ser inevitable si no tienes un plan de acción en pareja, a pesar de que no es un mal modelo deben estar conscientes y de acuerdo ambas partes a que se están comprometiendo.
Por otro lado para las mujeres que se quieren comer al mundo antes de dar el sí, los retos son distintos aunque igual de complicados que afrontar.
La mayoría de los doctores aseguran que el rango fértil ideal de una mujer es de los 24 a los 32 y un embarazo después de los 35 se considera de alto riesgo.
De manera que si una familia esta dentro de tus planes debes considerar hasta que punto estas dispuesta a postergar su construcción.
Daniela, quien está a punto de cumplir los 30, no se arrepiente de dejar a su novio de la universidad para perseguir sueños profesionales, asegura que se va haciendo más difícil conocer al hombre ideal conforme vas creciendo.
“Te vuelves quisquillosa y no solo tú, también la gente con la que te rodeas, vas creando esta vida bien estructurada y pretendes encontrar alguien que la complemente en todos los detalles, obviamente que este a tu misma altura profesional y de preferencia que gane lo mismo o más que tú”, declara.
Con el paso de los años las presiones laborales van aumentando y se vuelve complicado poner en pausa una trayectoria profesional para dedicarle tiempo al hogar.
No existe la edad perfecta
Las relaciones humanas no son ciencia exacta, cada cabeza es un universo y cuando dos deciden unirse necesitan empezar a construir un mundo nuevo.
Existen casos de mujeres que se casan a los 20 y tienen una vida plena en todos los ámbitos, así como hay quienes deciden postergarlo hasta los 35 y también encuentran ese balance perfecto.
Hay un millón de variantes que se deben de tener en cuenta, desde la geografía (en Reino Unido la edad media para el matrimonio es de 33 para los hombres 30 para las mujeres) hasta los planes de vida de cada pareja.
Sin embargo expertos señalan que lo ideal es que exista al menos un lapso de tiempo donde la mujer encuentre también una estabilidad en el ámbito profesional, que le permita tener una seguridad y construir una autoestima fuerte en todos los aspectos de su persona.
De igual forma explican que relegar la vida personal pensando que cuando todo lo profesional este en su sitio lo demás vendrá por arte de magia, es un error que las nuevas generaciones están cometiendo, tanto mujeres como hombres.
La mayoría de los psicólogos consideran que 25 es el número mágico para caminar hacia el altar, pues a esta edad ya lograste acumular ciertas experiencias personales, pero no siempre la edad concuerda con las experiencias por lo que el número es completamente subjetivo.
Lo más importante es que todas las áreas en tu vida estén en equilibrio, que traces metas personales y si encuentras al amor de tu vida te tomes el tiempo de trazar metas también de pareja. (Ingrid Bueno)


