Monterrey, N.L.-
Mateo Peraza Villamil recibió el Premio Nacional de Periodismo Gonzo por la crónica “Los hijos del bicho” el pasado 17 de marzo en el marco de la UANLeer 2023.
El joven periodista (Mérida, Yucatán,1995) llegó a Monterrey acompañado de su novia Paola, entusiasmado por ser el ganador del octavo Premio Nacional de Periodismo Gonzo, que es impulsado por la editorial independiente Producciones El Salario del Miedo a cargo del escritor J.M. Servín, en conjunto con la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL).
“Los hijos del Bicho” gira en torno a Carlos Méndez, quien en vida se dedicó a atender a portadores de VIH provenientes de los 106 municipios de Yucatán.
Peraza Villamil así lo describe en su crónica: “Es un hombre rollizo, canoso, alto en relación con la estatura promedio de los yucatecos. Viste una playera polo roja, y una cruz católica, gigantesca, cuelga de su cuello coriáceo”.
“Yo vengo de una familia donde mis padres fueron militantes de grupos políticos de izquierda: mi papá militó en la liga comunista y luego fue de los precursores del PRT y mi mamá en Yucatán militaba en el PMT, entonces siempre estuvieron como muy abocados a apoyar a personas vinculadas al activismo, gente que hacía actos de al altruismo, etcétera.
“Pero dentro de eso también, son activistas dentro de los derechos de la salud sexual. Entonces desde muy joven yo ubicaba a Carlos Méndez y a también a Sandra Peniche, quienes recientemente fallecieron, pero que fueron los pioneros por la lucha de la salud sexual en el estado.
“Algo que a mí me gustó mucho a partir de la historia de mis propios padres, es el activismo radical. Entonces, a partir de ahí yo conozco el albergue Oasis de San Juan de Dios que se ubica en el municipio de Conkal, el único que existe, y él único que además ha tratado una crisis del sida que se perfiló desde principios de los noventas hasta la fecha y que no ha parado”.
Mateo Peraza hizo una recopilación de la información sobre lo que se había publicado del albergue y ahí se percató que nadie hablaba de la persona que dirigía el albergue sino sólo de los albergados.
Mencionó que consiguió un convenio con la Revista Tierra Adentro de la Secretaría de Cultura del Gobierno Federal y entre la agenda de temas que le asignaron estaba la de la crisis del Sida.
“Entonces voy al albergue, hago una investigación y entrevisto a Carlos en dos ocasiones y ya con todo el testimonio escrito me doy cuenta de que el texto daba para ser algo importante, no solamente una nota o una entrevista para publicar de inmediato, sino para hacerle algo más a nivel de trabajo literario.
“Y durante un tiempo estuve trabajando el texto y cuando ya lo quise publicar en un medio no me lo quisieron aceptar porque carecía de rigores, de la formalidad del cánon periodístico, que no estaba en tercera persona del singular, que no respondía en el primer párrafo las preguntas más importantes; pero yo les dije: es que esto es una crónica literaria”, recordó.
Cuando había decidido que no lo iba a publicar, su mamá, Leonor Villamil, lo convenció de que lo metiera a un concurso y entonces envió su texto al Concurso 51 de Punto de Partida de la UNAM y obtuvo el primer premio en Crónica y posteriormente consideró que también debía participar en el Premio Nacional de Periodismo Gonzo.
El periodista yucateco manifestó estar emocionado al recibir el Premio Gonzo, pero al mismo tiempo muestra sentimientos encontrados.
“Por un lado, tiene dos filos obtener algo por plasmar un testimonio que es profundamente doloroso y crudo, pero entiendes la importancia que la historia salga a la luz independientemente del contenido que tiene”.
Comentó que gracias a esta crónica tuvo la oportunidad de venir a Monterrey, una ciudad que le parece “maravillosa”.
“Me encantó la ciudad, pero saber que todo esto vino desde un texto que escribí a finales del 2019 representa mucho para mí, además ya con el texto se abren muchas puertas como por ejemplo la publicación de un libro que ahorita estoy viendo con el maestro Servín”.
Sobre el título, señaló que en Mérida al Sida se le conoce como “el bicho” y cuando una persona es seropositiva y tiene VIH se dice que tiene “el bicho”.
“Cuando yo fui a visitar el albergue la primera vez, el conductor de una combi me estaba platicando que cuando dos padres enfermos de VIH morían, Carlos adoptaba a los niños, y les garantizaba la educación primaria y secundaria hasta la mayoría de edad, claro eso a través de ciertos financiamientos.
“Y me dijo él: sí, son los hijos del bicho´, pues aunque Carlos no era seropositivo, pero todos creían que estaba enfermo VIH. Desde la primera vez que empieza a defender a un primo porque lo traen de Estados Unidos para rescatarlo, la gente lo empezó a marginar y todos daban por hecho que tenía el bicho´.
“Cuando él me dijo `los hijos del bicho´y yo hice la recopilación del testimonio de Carlos que me contaba sobre muchas personas albergadas que había intentado rescatar, pero por la marginación y la falta de atención gubernamental habían fallecido, yo sentí que eso englobaba todo; los hijos no solamente por los niños, sino porque también por las cargas metafóricas que les atribuimos a las enfermedades y dije: todos son los hijos del bicho”, puntualizó.


