Tokio, Japón.-
El impacto que tuvo la película “Coco”, de Pixar en todo el mundo creó cierta familiaridad con las tradiciones del Día de Muertos en México. En Japón creció el interés de los jóvenes por acercarse a estas tradiciones, a la cultura mexicana y al idioma español. Sin embargo, los nipones se han visto reflejados de alguna forma en estas tradiciones, ya que en el país oriental también se conservan antiguos rituales para honrar a los que se fueron.
MÉXICO: DAR VIDA A LOS MUERTOS
Para algunos estudiantes japoneses, en los últimos años ya es común montar un altar de muertos, maquillarse al estilo de las Catrinas mexicanas y conocer cada vez más de cerca estas tradiciones. Y crece el interés por conocer de viva voz el significado de estas fiestas.

En este lado de mundo, los jóvenes que llegan desde aquel país ayudan a dar a conocer la tradición. Alany Acuña Arroyo, estudiante mexicana de intercambio en Japón, comenta: “son uno o dos días para recordar y honrar a nuestros seres queridos. El Día de Muertos no es un día triste, es para recordar al difunto con cariño”. Durante este día, casi todos los mexicanos visitan el cementerio para recibir el alma del difunto.
Otro estudiante mexicano en Japón es Andrés Zentella Sánchez, quien agrega: “comemos pan de muerto y depositamos las ofrendas. En general, podemos recordarlos todo el mes. En México, la conexión con los difuntos no es solo un ritual, también forma parte de la vida”.
OBON: MÁS ALLÁ DE LOS ALTARES… FUEGOS ARTIFICIALES Y BAILES
Igual que en otras sociedades del mundo, en Japón existe desde tiempos antiguos un culto a los ancestros (soreishinkou), que se enriqueció con la tradición budista llamada urabon. Así nació la celebración actual del Obon, una de las más importantes en Japón. Se realiza cada año del 13 al 16 de agosto.
Durante esos días, las familias japonesas reciben y recuerdan a los espíritus de sus antepasados. Visitan las tumbas, las limpian y llevan flores, agua y la comida favorita del difunto al altar familiar.
Curiosamente, los fuegos artificiales y los festivales típicos del verano japonés, donde abundan la cerveza, las yukatas (trajes de verano) y las danzas, culminan con esta conmemoración que recuerda a los muertos, pero también exalta la vida.
En Obon, existe la costumbre de encender “fuegos de bienvenida” el día 13 de agosto para recibir a los espíritus, y “fuegos de despedida” el día 16 para que puedan regresar al otro mundo. En algunas regiones, se ve también el Bon Odori, un baile tradicional en círculo al ritmo de tambores y otros instrumentos musicales. Esta danza es una forma de honrar a los difuntos y también de fortalecer los lazos familiares y de amistad.
Bailando en suecos de madera, de puntillas, con trajes coloridos y con el cuerpo casi en cuclillas, miles de danzantes en ciudades como Tokushima, realizan vistosos desfiles. Son los protagonistas de una de las más famosas fiestas de danzas rituales, llamada “Awa Odori”. La música acompaña el coro repetido que invita a sumarse a las comparsas: “Los que bailan son tontos; los que miran son tontos; si todos son tontos por igual, ¿por qué no bailar?”.
OBON: OTRAS FLORES, OTRAS CREENCIAS… EL MISMO ESPÍRITU
El Día de los Muertos y el Obon, tienen puntos en común. Nacieron de la fusión de antiguas creencias. En México, los pueblos indígenas como los aztecas y los mayas creían que las almas de los muertos viajaban al “Mictlán”, el mundo de los muertos, y que regresaban al mundo de los vivos en ciertas épocas del año. Más tarde, esta creencia se fusionó con la festividad católica del Día de Todos los Santos, dando origen al actual Día de Muertos.
Por otro lado, el Obon en Japón se basa en una historia budista: uno de los discípulos de Buda, al ver a su madre sufriendo en el infierno, puso ofrendas con la ayuda de muchos monjes para salvarla. Esta historia se combinó con la creencia tradicional japonesa de que los espíritus ancestrales regresan en verano.
En Japón, durante el Obon también se hacen ofrendas con incienso, flores, velas, agua y comida. Aunque en México se usan las famosas flores de cempasúchil o caléndulas, en Japón se ponen crisantemos, ya que resisten bien el calor del verano, duran mucho tiempo, no se deshojan fácilmente y ayudan a mantener la limpieza.
Ofrecer la comida favorita del difunto es una práctica común en ambas culturas. Aunque el Día de Muertos es una celebración alegre, colorida y festiva que recibe con cariño a las almas, probablemente en Japón se sienta siempre un ambiente solemne y tranquilo. Pero igualmente en ambas hay símbolos que guían a los espíritus hacia sus altares.
En Obon se usan los llamados shōryō-uma (caballos y vacas espirituales). Son decoraciones hechas con pepinos y berenjenas, a las que se les colocan patas hechas de palillos. El pepino representa un caballo, que sirve para que los espíritus regresen rápidamente. La berenjena representa una vaca, que permite a los espíritus regresar al más allá lentamente y con calma. Esto tiene una conexión con el Xoloitzcuintle, el perro mexicano que guía a las almas en su viaje hacia el Mictlán, el mundo de los muertos.
A pesar de la gran distancia geográfica y cultural entre México y Japón, el Día de Muertos y el Obon reflejan una misma necesidad humana: mantener vivos los lazos con los seres queridos que han fallecido. Al final, el recuerdo y el respeto hacia los antepasados es un valor universal.
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Elaborado por alumnos de español de la Universidad de Estudios Internacionales de Kanda (KUIS), Japón: Yuta Sakamoto, Sora Suenaga, Karin Endo, Natsumi Uekado y Silvia Lidia González (profesora).




