Sao Paulo, Bra. / Junio 23.-
El Santos de Brasil se proclamó campeón de su tercera Copa Libertadores con una victoria sobre el Peñarol uruguayo (2-1), en una final con sabor añejo que se decidió por el talento de dos juveniles: Neymar y Danilo.
Neymar abrió el camino de la victoria con un remate raso al inicio de la segunda mitad (minuto 46) que sirvió para desmontar la defensa granítica del Peñarol, que no había sufrido fisuras hasta entonces, y Danilo finiquitó (al 68′) en contragolpe.
El Peñarol redujo distancias (79′) en un remate en propia puerta de Durval, en un centro al área de Fabián Estoyanoff.
La primera mitad fue equilibrada y la formación aurinegra pudo mantener a raya al Santos, que sólo consiguió hacer valer su técnica a partir del momento en el que Neymar rompió la igualdad al comienzo de la segunda parte, en esta reedición de la final de la Libertadores de 1962, en la que el Santos triunfó de la mano de Pelé.
El equilibrio se rompió en el primer minuto de la segunda parte, en un remate rasante de Neymar después de una asistencia de Arouca, que dejó atrás a toda la zaga uruguaya con un brillante zigzag.
El gol volvió las tornas: le obligó al Peñarol a tomar la iniciativa y le invitó al Santos a tocar con más tranquilidad, a alargar las posesiones sin apresurarse tanto y a aguardar los contraataques que concedían los uruguayos al volcarse al ataque.
El Peñarol buscaba en profundidad a Alejandro Martinuccio, que con su velocidad fue el más peligroso del equipo aurinegro en todo el partido, pero no pudo inquietar al arquero Rafael.
Cuando los uruguayos estaban instalados más cerca del área brasileña, hacia la mitad de la segunda parte, llegó el contragolpe letal que sepultó la final, con un disparo ajustado al poste del lateral Danilo; el autogol posterior sólo fue anecdótico.
Con el triunfo del Santos, Brasil obtiene su segunda corona seguida de la Libertadores y acumula un registro de 10 títulos y un total de 19 finalistas en las últimas 20 ediciones del torneo.
El cierre del juego definitivo se vio manchado por una batalla campal, que se inició con la entrada de algunos aficionados al campo de juego, lo que molestó a los elementos del Peñarol, aunque al final todo fue controlado.


