Ya es tiempo

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Cada que hay un acontecimiento que logra sacudir al mundo parece el momento propicio para reflexionar sobre el camino que seguimos como raza. Seguramente cada nación hace lo propio y sus habitantes se preguntan qué constituye su esencia, hacia dónde se dirigen y cómo consideran alcanzar sus objetivos.
El panorama de muerte y desolación que vive hoy Japón no ha sido la excepción. Hoy el mundo se pregunta si algún día será alcanzado por un desastre cuya magnitud sea capaz de extinguirlo.
Ahora bien, ¿qué debemos hacer en lo individual y en lo colectivo para contrarrestar estos temores fundados que cada vez más se presentan con mayor frecuencia?
Resulta inadmisible e incomprensible que al vivir en constante riesgo por un cataclismo la humanidad se genere además problemas adicionales que son igual o mayormente riesgosos en algunos casos. La vida y la libertad son los bienes más preciados que la raza humana tiene; si éstos se ven afectados por acontecimientos naturales que están totalmente fuera de nuestro alcance y manejo, ¿por qué lo que sí está en nuestras manos hacer para conseguir un cambio o alcanzar un objetivo que nos proteja, no lo hacemos?
Nadie hará por nosotros lo que dejemos de hacer. Situémonos en nuestro país; su situación geográfica, su historia, sus habitantes y sus problemas. Nuestras condiciones sociales, económicas, políticas, culturales, educativas. ¿Podríamos ser mejores?
¡Claro que sí!. Vamos a levantarnos todos los días pensando cómo podemos ser mejores hijos, mejores padres y mejores hermanos; cómo podemos ser mejores ciudadanos y ser más productivos.
Vamos a leer y a estudiar para tener un mejor criterio propio de lo que sucede en nuestro entorno y fuera de él. Vamos a participar activamente en los movimientos políticos que se acerquen aun que sea un poco a lo que consideramos que nuestro país merece y obtengamos en consecuencia mejores resultados y mejor calidad de vida.
Dejemos de esperar que las cosas se hagan por sí mismas pues la vida no funciona así; si queremos algo debemos provocarlo, incentivarlo, promoverlo, de lo contrario no sucederá. Nuestro país requiere de una nueva forma de hacer política. Más fresca, más innovadora, más creativa, lo suficientemente convincente como para motivar la incorporación real de los jóvenes. Ese es el reto.
No esperemos otro terremoto para reflexionar. Hagámoslo cuanto antes y modifiquemos nuestra pasividad.
Tenemos un país con más de cincuenta millones de pobres, debemos hacer algo.
Tenemos un país con altos índices de desempleo y en aumento, debemos hacer algo.
Tenemos un país inmerso en una profunda crisis económica, debemos hacer algo.
Tenemos un país envuelto en una guerra que ha superado exageradamente el número de muertos a los grandes cataclismos de la humanidad, debemos hacer algo.
Tenemos un país con una mala educación, debemos hacer algo.
Tenemos un país con un pésimo sistema tributario, debemos hacer algo.
La unidad y la perseverancia nos pueden ayudar para iniciar poco a poco la reconstrucción que nuestro país necesita. No podemos negar la existencia de nuestros problemas, si algo no está funcionando hay que componerlo, reorientarlo, cambiarlo. Así de simple. Ya es tiempo.

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