En condiciones normales, los periódicos, programas de radio y conversaciones de café en la ciudad serían un hervidero de grilla y especulaciones sobre la identidad de los posibles candidatos a las diputaciones federales en las próximas elecciones de 2015.
En condiciones normales, los políticos con aspiraciones para ocupar una mullida silla en el Congreso de la Unión andarían como locos dando entrevistas, visitando colonias y apareciéndose en giras gubernamentales, inauguraciones, quinceañeras y hasta bautizos.
Sin embargo, sobra decir que en estos momentos Tamaulipas no vive condiciones normales.
Hoy la entidad está llena de problemas que están provocando el cada vez más evidente descontento social, y son precisamente los que ocupan un cargo en el gobierno, el blanco de los (cada vez), más violentos reclamos ciudadanos.
Las redes sociales se han convertido en el patíbulo donde alcaldes, secretarios y diputados son diariamente sacrificados por una cada vez más enojada ciudadanía que está harta de los problemas que vivimos.
Y es cierto, quizás el combate a la violencia no es responsabilidad total de (por ejemplo) el alcalde, José Elías Leal; y seguramente los cortes de agua generados por el revestimiento del canal Rodhe asegurarán una mejora en el servicio, sin embargo, la gente no quiere entender eso y los epítetos hacia el edil no se hacen esperar.
Desgraciadamente han sucedido tantas tragedias y tanta gente ha perdido la vida de una forma tan estúpida, que la sociedad tamaulipeca no está para analizar y entender que quizás las autoridades tienen un plan para resolver todo esto. En lo personal lo dudo, que conste.
Por eso se puede decir con toda tranquilidad que no existe un peor momento para que un político se ande promocionando en cualquiera de las formas posibles y conocidas para un cargo de elección popular.
Quien lo haga (y lo ha hecho) va a salir más golpeado que el “Canelo” Alvarez en su pelea contra Floyd Mayweather.
Es una realidad que hoy, más que nunca, los tamaulipecos están asqueados de grilla y la política simple y sencillamente porque los partidos y el gobierno no han sabido darle solución a los problemas que actualmente se viven.
Para la gente, los partidos y los políticos no son más que un grupo de parásitos que se despachan con la cuchara grande a la hora de servirse el presupuesto que llega, precisamente, de los buenos mexicanos que sí pagan sus impuestos y cada vez son menos.
Y que nadie se sorprenda cuando, en 2015, los resultados del proceso electoral nos muestren que, una vez más, el abstencionismo será el ganador indiscutible en las urnas.
Después de todo en municipios como Reynosa las luces de alerta hace mucho que se encendieron, después de que en las pasadas elecciones locales apenas tres de cada 10 ciudadanos decidieron quién iba a ser el alcalde.
Poco a poco, la percepción ciudadana de que los partidos políticos y las elecciones no son más que un enorme desperdicio de dinero, se está volviendo una realidad y nadie parece que quiere hacer algo para revertir este problema.


