En el cielo no hay ‘palancas’

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Los que juzgamos lo que es el cielo con los ojos terrenos, corremos el riesgo de “regarla” de a feo. Simplemente la religión es un catálogo de normas y principios que nos orienta al bien para llegar en la otra vida a gozar de la presencia de Dios.

Sí. Pero muchas veces nuestras interpretaciones parten de la percepción que nos da el mundo en que vivimos. Y el otro mundo, indudablemente, es muy pero muy distinto, y escapa a los sentidos que hoy llevamos dentro los seres humanos.

Para empezar, en el cielo no hay “palancas” que nos releven de lo que debemos cumplir nosotros mismos, porque los que cuentan son nuestros actos individuales. No hay más mérito que lo que nosotros hayamos hecho a plena conciencia. Por tanto, no vale, como aquí en la tierra, arroparse en unas siglas sindicales ni en recomendaciones “de muy alto nivel político” ni en el carnet o credencial de una institución poderosa.

Alguien puede alegar, por ejemplo, que es primo carnal de San Pedro y en la otra vida no sirve de nada. Allá arriba puede uno llegar con el acta de bautismo en la mano y presumir que perteneció a tal o cual grupo parroquial, y no es suficiente. O sea, no se dan por satisfechos porque lo que desean ver es nuestro expediente de la conciencia que es el que más vale a la hora del juicio final, junto con el catálogo de buenas obras.

Vea usted por qué le digo esto, si repasamos una entrevista vieja que le hizo a los familiares de María Goretti un periodista italiano, quien les preguntaba por qué su hermana, si había sido canonizada en 1950 y estaban seguras de que gozaba del cielo, no les representaba ninguna ventaja. Pero la viejecita Ersilia tuvo la respuesta clara y contundente que aquel hombre burlón no esperaba.

-Es cierto. Marietta no nos ha representado ni bienestar, ni mejora económica ni reconocimiento social. Siempre hemos vivido como ella, de nuestro trabajo, y hemos educado a nuestros hijos del mismo modo en que, con toda seguridad, ella habría educado a los suyos, con mucho sudor.

-¿Entonces un santo no sirve para nada? -cuestionó el periodista.

Y Ersilia se apresuró a puntualizar: -He de decirle que la protección de mi hermana siempre ha sido palpable, evidente. Siempre la sentimos presente en nuestro trabajo y en nuestra paz espiritual.

-Trabajo y paz. No está mal. ¿Pero los santos no defienden contra los sufrimientos y las enfermedades?

Ersilia volvió a darle una cátedra al incrédulo. -Ella no puede lograr que no suframos en la vida, indudablemente, pero nos inspira para que obtengamos el paraíso con el sudor de nuestra frente, el trabajo de cada día y el sacrificio, porque en el cielo no hay “palancas”. Mi hermana Teresa se halla en una clínica. Está totalmente enyesada, en cruz, como Cristo. Y claro que Marietta no la cura pero le da fuerza y gracia para soportarlo todo por amor de Dios.

En conclusión, en el cielo no hay PRI, ni CTM ni otras siglas. Los que llegan allá no colocan a sus parientes en lugares especiales ni les dan credenciales “para lo que se ofrezca” y mucho menos los colocan en puestos claves en el gobierno o empresas. Simplemente interceden por ellos y los ayudan para que, por sus propios méritos y con el trabajo diario o el sudor de su frente, se ganen su pase al paraíso. Y si algún milagro consiguen de Dios, porque es el único que hace milagros, es una ganancia extra.

Ya es mucho que esa intercesión de los que creen en ellos, haga que tengan esa paz espiritual de que habla Ersilia, la hermana de Santa María Goretti. ¿Hay algo más valioso para quien no desprecia el dinero y los bienes materiales pero que los toma como un medio y no como un fin primordial para esta vida y la otra?

Hace falta reflexionar sobre esta gran verdad en estos días de recogimiento y conexión con Dios entre aquellos que decimos seguir su ejemplo y doctrina. ¿No lo cree usted?

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