Enorme Texas, estuvimos el fin de semana en Dallas-Fort Worth-Arlington, un poco en Waco, y Austin, algo más en San Antonio, lo suficiente para darnos cuenta de la grandeza en todos los sentidos de esta parte norteamericana, la que atraviesa la carretera interestatal 35.
Y de grandezas hablando, la de la sangre latina, que con su trabajo rudo, les ha dado a ganar, les ha vuelto megamillonarios a unos pocos, a sólo unos cuantos, de los más de 27 millones de habitantes que tiene este Estado.
Hemos ido hasta Oklahoma por esta vía, cuatro veces en los últimos cinco años, parando aquí y allá, nos gusta turistear observando entre lo nuevo -lo económicamente poderoso- de sus impactantes suburbios de clase alta, como también es obligado visitar sus centros históricos, los que dieron vida a esas urbes, donde se fincaron los sitios de hacer dinero.
Este verano hicimos lo mismo hacia la zona metropolitana de Houston, hemos estado en la zona de plantaciones de la costa del Golfo en Galveston, antes al sur, en la Isla De Padre, viajes cortos, algo relámpago, pero lo suficiente para notar el poder de la entidad, de que hay dinero y de que se mueve mucho capital.
LOS HISPANOS ESTÁN AHÍ
E imaginamos que igual está en el amplio oeste texano, desde El Paso, enfilando hacia el norte, primero en la parte media con Midland, luego Odessa, al norte Lubbock y aún más arriba, coronando con Amarillo.
Pero en lo que hemos visitado en éste, el Estado más grande de la Unión Americana (Alaska ha de ser más extenso, pero semivacío, sin muchos seres humanos, por razones obvias), no hubo lugar donde no hubiera latinos haciendo el trabajo rudo.
Ve uno a los nuestros, en las gasolinerías, en los talleres mecánicos, arriba de los rascacielos, en los campos de cultivo, en los hoteles, construyendo centros comerciales, o casas de clase media-alta, así como trabajando en zonas de diversión, bajando de los transportes públicos lo más cercano a las áreas de lujo, a los núcleos residenciales enrejados y emparedados, así como en los centros económicos, en los lugares donde unos cuantos hacen el dinero y también donde se goza de la riqueza conseguida, lugares donde muchos de ellos descansan y se distraen, tras haber conseguido dicho capital.
Ahí vemos a los nuestros sin desmayar, vaciando su sudor hispano, dejando nuestra sangre latina, para allegarles más riqueza a los de allá.
Texas es republicano, porque aún es blanco, es la verdad.
Y aunque veamos un mosaico de razas, de todos los países del medio y el lejano Oriente, de las antiguas repúblicas soviéticas y aquellos sus países aliados localizados en la periferia de Rusia, de todo el continente africano, y aun de la vieja Europa, cabe decir que Latinoamérica es más.
Sólo que los de nuestra lengua, están en posiciones sociales más desventajosas.
No creemos que nadie vaya a desplazarnos, ni la amenaza de un muro, ni el amago de supuestos cientos de miles de expulsiones, porque ¿luego quién les hará esos trabajos, quién con esa condición incansable, esa fuerza inagotable y esa paga tan irrisoria?


