Mis mejores deseos para que la Nochebuena sea de paz y alegría, que la familia se reúna y conviva en armonía, que quienes estén solos, no se sientan solos, hay una luz que ilumina siempre.
Y que mañana, si Santa Clós no trajo los regalos esperados, seamos optimistas de que tenemos vida y la oportunidad de salir adelante pese a las predicciones de tiempos todavía más difíciles.
El panorama para los mexicanos y para los tamaulipecos especialmente, no pinta bien. Conversando con una amiga que lleva tres sexenios, y lo que va del presente, laborando en el gobierno del estado me dice que las cosas dentro del equipo de trabajo que se supone, debe ser enfocado al bienestar de los habitantes de esta entidad, no refleja el sentido de unidad que debería caracterizarlo.
Haciendo un comparativo rápido puede dar fe de la manera como trabajaba el equipo de Tomás Yarrington, pese a todos los señalamientos contra el ex gobernador y su reclusión en una cárcel de Estados Unidos, el recuerdo de su gobierno es bueno, había plan de trabajo, ruta a la cual encaminar los pasos.
Había cohesión del equipo, pese a las diferencias que existían entre varios de los titulares de secretarías, pero éstas no se sentían al exterior. De alguna forma Yarrington pudo establecer una línea de trabajo que le permitió los resultados obtenidos, dejó una deuda de 600 millones de pesos, eso es un parámetro importante cuando se le acusa de malversar fondos públicos.
Hay que ver los números y la historia, no siempre las percepciones se ajustan a la realidad.
Luego llegó el gobierno del inexperto Eugenio Hernández, también encarcelado, ahí imperó el derroche y la falta de brillantez, los negocios se hicieron, sí, pero para él y sus allegados, por eso no es raro que sean los propios victorenses los que digan que su encierro es merecido. Sus propios paisanos le señalan su escasa visión y el favorecimiento hacia sus amigos y parentela, dejando de lado a empresarios y comerciantes que hacían negocios con el gobierno estatal. Hay gente del pueblo que lo recuerda con cariño, poseedor de un carisma que lograba convencer, no cristalizó esa bendición en un gobierno bueno, despilfarrador a más no poder, dejó una deuda cifrada en 17 mil millones de pesos.
Luego llegó por asesinato Egidio Torre, hizo honor a su apellido, se enclaustró en una torre, cuando quiso salir a hacer comunidad con los tamaulipecos era demasiado tarde. Sus asistencia hasta a los cumpleaños del perro y sus sonrisas fingidas no convencieron a los habitantes, su lejanía con la población fue más que evidente. El miedo por el asesinato de su hermano, lo cegó. No debió de haber aceptado esa encomienda. Ser víctima, no te hace ser un mejor funcionario que debe combatir la impunidad y el crimen. Dejó una deuda, según datos del actual gobierno de 16 mil millones de pesos.
Y llegamos a la actualidad, Francisco García no sabe cómo entrarle a la gente, se mantiene rodeado de guaruras y personal inútil que sólo empeora la imagen que se tiene de él. Apenas con dos años en el cargo ha sido increpado varias veces, una enfrente del actual presidente. Cuando la gente le reclama se enoja, no sabe cómo atender a las personas.
No conoce a casi nadie de Tamaulipas. No identifica a personajes claves que pudieran ayudarle a sacar adelante su gobierno caracterizado por la dejadez, la ausencia, la grisura. A los propios panistas tamaulipecos los tiene decepcionados su desempeño ineficiente en el gobierno estatal. Si decíamos que Egidio tenía un gobierno y equipo gris, éste le dice “quítate que ahí voy”. Y para rematar, Francisco ya pidió dos préstamos, la deuda tamaulipeca sigue subiendo.
Pese a todo lo anterior. Mi deseo es que esta Navidad sea buena y que la disfruten queridos lectores y lectoras. Un abrazo.
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