Desde hace un mes hay un nuevo integrante en la familia: un cachorro bóxer, blanco, con una manchita en un ojo tipo pirata, “harto” juguetón, inquieto y con muy buen aparato digestivo.
Durante las horas que la casa se queda sola el permanece en una recámara, por me miedo a que mis gatos puedan darle algún rasguñón y porque aún es pequeño para sacarlo al patio.
Cierto día al llegar y subir a la habitación me encontré una escena estrujante en la que mis zapatos habían pagado las consecuencias de sus travesuras y sobre todo, una caja había sido severamente afectada por una sustancia café, olorosa, de consistencia desagradable, bueno, ustedes entienden.
Lo saqué del cuarto, limpié y tiré la caja al bote de basura que está en la calle.
Nada tiene que ver el ingreso del frente frío que se espera, pero en la mañana pensé en ponerme unas botas que, por más que busqué no pude encontrar.
Espero que la última vez que las usé haya sido una persona desordenada y las haya dejado en algún lugar de la casa, por que si no, quiere decir que se fueron en la caja embarrada de popis que no tuve la precaución de revisar.
Cuando tenga un mal día piensen en mí, que quizás tiré una botas que me encantaban a la basura y no me enteré hasta una semana después.


